Afganistán cambia el diálogo por el combate para alcanzar la paz

Tras un año y medio de contactos y esfuerzos infructuosos para llevar a los talibanes a la mesa de negociación, el Gobierno afgano concentra todos sus esfuerzos en el combate como última opción para debilitar y forzar a los insurgentes a aceptar el diálogo.
Efectos de inundaciones en AfganistánEfectos de inundaciones en Afganistán

 

Baber Khan Sahel

El presidente, Ashraf Gani, que en el pasado suavizó su postura llamando a los talibanes “oponentes políticos”, la semana pasada anunció su planteamiento más inflexible contra los insurgentes llamándoles “grupos de rebeldes e ignorantes” cuyos “líderes marionetas” viven en Pakistán y hacen la guerra a un Gobierno legítimo.
El cambio de actitud gubernamental se produce tras el rechazo claro de los talibanes al proceso de paz anunciando una nueva ofensiva de primavera, que tuvo como primer capítulo un ataque mortal en Kabul que dejó 64 muertos y más de 300 heridos.
El presidente afirmó que la “paz será conquistada a través de acciones armadas en el campo de batalla” que pongan a los talibanes en la situación de no tener otra alternativa que “rogar por la paz”.
Además, afirmó que el Gobierno ejecutará a aquellos presos talibanes que sean sentenciados a la pena capital.
El nuevo planteamiento, es “sin piedad”, atacar de “todas las formas” posibles, perseguir a los talibanes, secar sus fuentes de financiación y eliminar sus santuarios.
“El uso de la fuerza y la acción militar era la única y última opción del presidente Gani contra los talibanes, después de que rechazaran las conversaciones de paz e intensificaran sus ataques”, indicó a Efe el analista político Muhammad Natiqi.
Natiqi, parte de la delegación gubernamental que participó en las conversaciones directas del año pasado en Pakistán con los talibanes, consideró la decisión de Gani “razonable y valiente”.
“Los talibanes solo estarán listos para el diálogo cuando entiendan que están perdiendo la batalla sobre el terreno y sus planes sean derrotados por las fuerzas de seguridad”, dijo, agregando que la cooperación de Islamabad es limitada en eso.
En su cambio de tono, el Gobierno afgano también ha reubicado a Pakistán, que no será aceptado más como facilitador del diálogo, y le ha exigido que actúe militarmente contra los talibanes en su territorio.
“Pakistán nunca actuará contra los talibanes, porque Pakistán necesita a los talibanes para sus intereses nacionales y porque los talibanes afganos tienen influencia entre los grupos y partidos religiosos paquistaníes”, explicó a Efe el analista Nazar Muhammad Mutmaen.
En su opinión, todos los esfuerzos de Kabul ya sean en el campo diplomático o militar pasan por la “solución final” de entablar un diálogo directo con los talibanes y olvidarse de Pakistán como mediador.
Mientras tanto los talibanes no parecen estar logrando la victoria en el campo de batalla. Las fuerzas afganas ahora tienen más aviación de combate que el año pasado y realizan redadas casi cada noche para golpear a los líderes insurgentes, una estrategia que es más efectiva.
Según los datos del Ministerio de Interior afgano, en el último mes los talibanes han perdido 1.015 combatientes, incluidos varios comandantes.
“Desde el inicio de la ofensiva de primavera, los talibanes están perdiendo áreas frente a las tropas afganas, en Kunduz (norte) perdieron incluso zonas que habían controlado durante años, en Badakhshan (norte) están bajo presión y en Helmand las fuerzas gubernamentales preparan el contragolpe”, indicó a Efe el analista militar y general retirado Abdul Hadi Khalid.
En su opinión, los talibanes no pueden regresar al poder, del que fueron expulsados en 2001 con la invasión estadounidense, porque no han cambiado sus posturas más extremas referidas a la mujer, la educación y la vida moderna.
El incremento de la presión a los talibanes se produce además en un momento en el que por primera vez desde la invasión estadounidense, los insurgentes pelean en dos grupos distintos, uno bajo el control del mulá Mansur, designado como sucesor del mulá Omar el año pasado aunque no aceptado por todos, y otro liderado por el mulá Rasul.
“Tras la muerte del mulá Omar, el así llamado Emirato ha perdido su legitimidad y las fracturas son claramente visibles en su liderazgo”, dijo Khalid.
“Es una buena oportunidad para el Gobierno”, añadió. EFE

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