Adiós, Ana María Matute

La octogenaria escritora y académica, Premio Cervantes 2010, es una de las escasas "glorias" femeninas en la literatura española que se mantuvo activa prácticamente hasta el final de su vida. En 2013 llegó su "aprendiz" y, dos años antes, nos había hecho partícipes de su viaje a la infancia por "Las Artámilas".
Ana María Matute EFE/Archivo/Bernardo RodríguezAna María Matute EFE/Archivo/Bernardo Rodríguez

La decana de la narrativa infantil y juvenil española, y una de las mujeres pioneras que impartieron cursos y conferencias por diversas universidades de Europa y EEUU, dedicó sus páginas al universo infantil, la incomunicación humana y el paraíso de los imposibles.

Nacida el 26 de julio de 1925 en Barcelona, de niña conoció la guerra civil y luego pasó una juventud de posguerra, período en el que se abrió al mundo de las letras con obras como “Pequeño teatro” (concebida escrita en 1942 y ganadora del Premio Planeta en 1954), “Los Abel” (1948) o “Fiesta al noroeste” (1952).

En 1959 llegaron “Los hijos muertos” y el Premio Nadal por su “Primera memoria”, que inició la trilogía titulada “Los mercaderes”, seguida de “Los soldados lloran de noche” (1964) y “La trampa” (1969). Ese último año fue distinguida con el Premio Fastenrath de la Real Academia de la Lengua por “Los soldados lloran de noche”.

Una depresión puso distancia entre sus manos y la máquina de escribir pero, curiosamente, fue la literatura la que ordenó su caos.

Algunos otros “hijos” de Ana María Matute son “El país de la pizarra” (1956); “Paulina, el mundo y las estrellas” (1960); “El saltamontes verde” (1961); “Carnavalito” (1972); “Sólo un pie descalzo” (1984); “La oveja negra” (1994); “Olvidado rey Gudú” (1996); “Aranmanoth” (2000); “Paraíso inhabitado” (2008); o “La puerta de la luna (2010).

La también Premio Nacional de las Letras Españolas 2007 no deja vacío, sino “luciérnagas” (1993) multiplicándose cada vez que alguien lee sus libros. EFE/DOC

 

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