Abu Bakr al Bagdadi, el líder del Estado Islámico que acaba de proclamarse sucesor de Mahoma

Abu Bakr al Bagdadi, líder de las milicias a partir de ahora conocidas como Estado Islámico, ha sido durante años una figura bastante desconocida, lo cual no es sinónimo de simple.
Varios suníes con el rostro cubierto toman posiciones en la ciudad de Faluya (oeste de Irak). EFE/Archivo/Mohammed JalilVarios suníes con el rostro cubierto toman posiciones en la ciudad de Faluya (oeste de Irak). EFE/Archivo/Mohammed Jalil

Jesús R. Martín

Abu Bakr al Bagdadi acaba de autoproclamarse califa del mundo musulmán y sucesor del profeta Mahoma. Y no ha dudado en elegir un día tan significativo como el comienzo del santo mes de Ramadán para hablar en público por primera vez en la Gran Mezquita de Mosul.

A sus forzados seguidores, les ha dicho: “Yo no os prometo, como los reyes y gobernantes prometen a sus seguidores y congregaciones, lujos, seguridad y relajación; en su lugar, yo os prometo lo que Alá prometió a sus fieles adoradores“.

1.- Sueño hecho realidad

La aparición en Mosul, segunda ciudad de Irak, de Abu Bakr al Bagdadi es en cierta manera la culminación de sus ambiciones. De ser un perfecto desconocido, el líder del Estado Islámico se ha convertido en una figura estelar del yihadismo suní.

Su empeño en funcionar como una versión corregida y aumentada de Osama bin Laden se ha cimentado gracias a una fuerza de milicianos disciplinada, sin problemas de dinero y que resulta especialmente atractiva para toda clase de voluntarios internacionales.

Abu Bakr al Bagdadi habría comenzado su carrera terrorista en 2003, tras la invasión de Estados Unidos, al incorporarse a las filas de Al Qaeda en Irak.

El ascenso al liderazgo de Al Qaeda en Irak de al Bagdadi coincidió con la retirada de las tropas americanas.

Y su reputación, con fama de brutalidad táctica y bastante capacidad organizativa, se ha visto multiplicada desde el mes pasado con el rápido avance en Irak de las fuerzas del Estado Islámico desde el territorio que controlan en Siria.

Aunque esta ofensiva parece haberse paralizado al norte de Bagdad.

2.- Culto a la personalidad y supervivencia

Hasta ahora, Abu Bakr al Bagdadi se ha mantenido rodeado de misterio, con mínimas pistas sobre su aspecto o forma de hablar, lo cual ha servido para alimentar un intenso culto a la personalidad.

Solamente se conocía de él una pésima foto que ilustraba el cartel de su búsqueda y captura, con el aliciente de los 10 millones de dólares ofrecidos por Estados Unidos como recompensa.

De hecho, sus seguidores le llamaban el “jeque invisible”. Aunque toda esta estrategia enigmática también responde a cuestiones de seguridad para no acabar con un final precipitado como el de sus predecesores.

El liderazgo de Abu Bakr al Bagdadi se habría consolidado en cuestión de un año gracias a su injerencia en la guerra civil de Siria.

En ese proceso encaminado a hacer realidad una entidad político-religiosa transnacional, al-Bagdadi ha roto definitivamente con la estructura central de Al Qaeda, organización liderada por Ayman al Zawahiri a la que el Estado Islámico considera como irrelevante tras la muerte de Osama bin Laden.

3.- Confianza y redes sociales

Durante su piadosa alocución desde el púlpito de la Gran Mezquita de Mosul, Abu Bakr al Bagdadi -entre los hombres más buscados del mundo- habló de “dignidad, poder, derechos y liderazgo”.

En su aparición de menos de media hora cuidadosamente coreografiada, mantuvo una pose de firme confianza, e incluso de arrogancia con toques de pragmatismo.

De hecho, durante su sermón llegó a entrar en cuestiones logísticas con un llamamiento para que médicos, ingenieros y especialistas en jurisprudencia islámica se unan a su movimiento.

En un alarde de innovación digital, el Estado Islámico ha llegado a desarrollar su propia aplicación para teléfonos Android que rápidamente se ha puesto a la cabeza del ranking de tecnología yihadista.

4.- Biografía oficiosa de un folio

Los limitados detalles personales conocidos de Abu Bakr al Bagdadi provienen de una biografía oficiosa de un folio de extensión.

El flamante califa, cuyo nombre original sería Awad Ibrahim al-Badri, habría nacido en 1971 en una familia de predicadores suníes en la localidad de Samarra.

Se le atribuye un doctorado en el Universidad de Bagdad, antes de convertirse en clérigo de una mezquita en Samarra. Su curriculum insiste en que ascendió en el escalafón de Al Qaeda en Irak, participando en diversos ataques antes de formar parte de su jerarquía.

Sin embargo, esta carrera ascendente quedó interrumpida en 2006, cuando fue capturado por tropas del Pentágono. Fue puesto en libertad en 2009.

Según ha recordado el coronel Kenneth King, responsable en aquel tiempo de Campo Bucca, donde estuvo detenido,  Abu Bakr al Bagdadi “era de los malos pero no lo peor de lo peor”. De hecho, su comentario de despedida no fue ni tan si quiera tomado como una amenaza seria: “Chicos, os veré en Nueva York”.

5.- El detalle del reloj

En la puesta de largo de Abu Bakr al Bagdadi, con sobrepeso y una larga barba que empieza a mostrar canas, no ha pasado desapercibido un detalle sobre su imagen.

Vestido rigurosamente de negro, para evocar el recuerdo de los últimos califas que gobernaron desde Bagdad, el líder del Estado Islámico ha exhibido un reloj de lujo en su muñeca.

El ostentoso complemento (que podría ser un Omega o Rolex, tipo James Bond) ha servido para ilustrar la multimillonaria capacidad de financiación demostrada por el Estado Islámico.

En un principio, para hacer posible su lucha en Siria, las milicias de al-Bagdadi se financiaban a través de generosa donaciones procedentes de los Estados del Golfo, particularmente Kuwait y Arabia Saudí.

Hace tiempo, el Estado Islámico amplió sus ingresos al controlar pozos petrolíferos al este de Siria, junto a otros negocios vinculados a sus victorias sobre el terreno como la extorsión y el tráfico de antigüedades.

Tras su expansión en el territorio de Irak, además de hacerse con armas pesadas de los militares de Bagdad y robar varios cientos de millones de dólares del banco central de Mosul, se calcula que el Estado Islámico controla recursos petrolíferos equivalentes a 50.000 barriles diarios.

6.- La declaración de califato

Abu Bakr al Bagdadi ha adoptado el nombre de califa Ibrahim, en referencia al profeta Abraham.

Su seguidores han declarado el pasado 29 de junio un califato en el territorio que ocupa en Siria e Irak, insistiendo en ser conocidos con la denominación universal de Estado Islámico (el quinto cambio de nombre desde su nacimiento como franquicia de Al Qaeda en Irak).

El concepto de califato es una entidad pan-islámica, históricamente no recreada desde el colapso del Imperio Otomano en 1922, en el que el califa acumula tanto poderes religiosos como políticos y es considerado como gobernante soberano de toda la comunidad musulmana.

Para algunos analistas, el nuevo califa estaría precipitándose al intentar capitalizar las victorias en Irak y Siria, con el peligro de que toda esa sobredosis de arrogancia pueda ser el principio de su final.

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