Abierto el pulso por la presidencia de la Comisión Europea

Finalizadas las elecciones europeas de mayo, se ha abierto el pulso para la elección del próximo presidente de la Comisión Europea y el reparto de los altos cargos de la institución entre los 28 países miembros de la UE.
Vehículo de la campaña electoral de Jean-Claude Juncker, candidato conservador a la presidencia de la Comisión Europea. EFE/Archivo/Pongmanat TasirVehículo de la campaña electoral de Jean-Claude Juncker, candidato conservador a la presidencia de la Comisión Europea. EFE/Archivo/Pongmanat Tasiri

Jesús R. Martín 

La presidencia de la Comisión Europea es, con diferencia, el puesto con mayores atribuciones y el más disputado. 

En esta ocasión, la contienda se complica debido a las buenas intenciones del Tratado de Lisboa, que en 2009 incluyó mayores criterios democráticos en este proceso, como tener en cuenta la voluntad popular expresada en las urnas.

Sin embargo, la inercia institucional de camarillas de países para tomar las grandes decisiones en la Unión Europea, se resiste a abandonar su tradicional protagonismo.

A pesar de que el centro-derecha del Partido Popular Europeo, en cuyas filas no militan los conservadores británicos, ha sido el bloque más votado con un 28,5 por ciento de los sufragios emitidos, su candidato Jean-Claude Juncker está siendo abiertamente cuestionado dentro de un trascendental debate sobre el futuro de la Unión Europea que amenaza con degenerar en una nueva crisis constitucional para Bruselas. 

1. La oposición a Juncker

El ex primer ministro luxemburgués, uno de los arquitectos del euro, es percibido por sus opositores como un ‘insider’ de Bruselas, comprometido con una más profunda integración de la Unión Europea. Juncker sería lo que los conservadores británicos califican en tono peyorativo como un “federalista”.

Para este frente opositor, compuesto por tories y también otras fuerzas políticas continentales, la Comisión no debería actuar como la cúpula de un gobierno federal europeo. A su juicio, el Ejecutivo comunitario debe limitarse a profundizar en cuestiones como el mercado único, la competitividad y a revisar su historial de iniciativas de subsidios y solidaridad interna.

En esta batalla, que en el fondo no es tanto sobre candidatos sino sobre el futuro de la Unión Europea, el primer ministro David Cameron cuenta con el respaldo de países con limitado entusiasmo hacia una Bruselas “demasiado grande y mandona” como Hungría, Suecia y Holanda, o incluso Finlandia e Italia.

La prensa británica ha llegado a etiquetar a Juncker como “el hombre mas peligroso de Europa”. Además de recalcar el dilema de que, si no se aceptan las exigencias de Cameron, se estaría favoreciendo la eventual salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ante el propuesto referéndum ‘in/out’ previsto para 2017.

La prensa alemana, en contraste, insiste en que por una mínima coherencia democrática debe respetarse el orden de prelación derivado de los comicios europeos.

2.¿Cómo se elige al presidente de la Comisión Europea?

Una de las grandes novedades de las elecciones de mayo es el mayor papel otorgado al Parlamento Europeo en este proceso.

Aunque los líderes nacionales -a través del Consejo Europeo que reparte sus poderes de voto en función de la población de cada país- son los que tienen que ponerse de acuerdo en un nominado, la aprobación depende de la Eurocámara. Con la particularidad de que se requiere una “doble mayoría”, tanto en el Consejo como en el Parlamento Europeo, para obtener la presidencia de la Comisión. 

Además, un solo país en el Consejo Europeo no será capaz de vetar al candidato con mayor respaldo. Una vez que el Consejo Europeo, a través de lo que en la jerga comunitaria se conoce como “mayoría cualificada”, designe un candidato, probablemente a finales de junio, su ratificación pasará al Parlamento Europeo con una votación que se podría materializar a mediados de julio.

El aspirante requiere de una mayoría absoluta de 376 votos entre un total de 751 eurodiputados.

3. ¿Por qué es tan codiciado el puesto de presidente de la Comisión Europea? 

La Comisión redacta la legislación de la Unión Europea que se aplica en los 28 Estados miembros después de las enmiendas introducidas por el Consejo y el Parlamento Europeo. En el esquema institucional de la UE, solamente la Comisión tiene la iniciativa legislativa. 

El Ejecutivo comunitario también actúa como vigilante de los tratados de la Unión Europea, con capacidad para imponer sanciones y multas a gobiernos y empresas.

Además tiene la potestad de negociar los grandes tratados comerciales de Europa con terceros países, como el ambicioso acuerdo que actualmente se intenta cerrar con Estados Unidos.

Como consecuencia de un aumento de responsabilidades a tenor de la crisis en la eurozona, la Comisión también supervisa a través del llamado “semestre europeo” los presupuestos de los países miembros antes de su aprobación en los respectivos parlamentos nacionales.

4.Un tablero con muchas fichas 

Además de la sucesión de José Manuel Durão Barroso en la presidencia de la Comisión, la Unión Europea también tiene que designar en los próximos meses un alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad para sustituir a la baronesa Ashton, un nuevo presidente del Consejo Europeo en lugar de Herman Van Rompuy, además de todos los puestos de comisarios, algunos de ellos especialmente deseados por los países miembros.

En este sentido se ha apuntado que Gran Bretaña aspira a la cartera europea de Comercio, actualmente ocupada por el belga Karel De Gucht, aunque finalmente podría terminar en manos de un socialista para cuadrar este complicado puzzle.

Antes del retroceso sufrido por el PP en las elecciones europeas, al puesto de comisario de Comercio también aspiraba España con Miguel Arias Cañete.

En este baile de cargos, algunas especulaciones apuntan a la posibilidad de que Jean-Claude Juncker pueda terminar con una especie de premio de consolación como próximo presidente del Consejo Europeo, en sustitución del belga Van Rompuy.

5. Dilema para el Parlamento Europeo 

El conflicto en esta lucha por la presidencia de la Comisión Europea pasa por el Parlamento Europeo y su falta de entusiasmo a la hora de aceptar candidatos al margen de los ‘Spitzenkandidaten’ presentados por los diferentes grupos políticos.

Un problema añadido para los opositores más euroescépticos de Juncker es que el resto de los aspirantes más votados militan también dentro de las filas federalistas: tanto el socialista alemán Martin Schulz como el liberal belga Guy Verhofstadt.

En este pulso, la figura con la última palabra es de nuevo Angela Merkel, que ha mantenido una posición bastante fluida antes y después de las elecciones europeas de mayo. La canciller alemana, aunque teóricamente respalda la candidatura de Juncker, ha llegado a indicar la necesidad de considerar un amplío abanico de alternativas para el puesto.

Su problemática falta de confianza en Junker se basaría en los resultados de los comicios de mayo y la necesidad de encontrar una figura no vinculada al pasado que sea capaz de defender el futuro de la Unión Europea.

6. Posibles candidatos alternativos 

Las quinielas de candidatos alternativos son tan extensas como especulativas.

La lista incluye: la primera ministra danesa Helle Thorning-Schmidt, el primer ministro finlandés Jyrki Katainen, el primer ministro irlandés Enda Kenny, el primer ministro polaco Donald Tusk, el ministro de Exteriores polaco Radoslaw Sikorski, el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, la presidenta lituana, Dalia Grybauskaite, el exprimer ministro italiano Enrico Letta, el vicepresidente del Partido Popular Europeo, Michel Barnier, y Pascal Lamy, exdirector de la Organización Mundial del Comercio.

De todos ellos, la única que expresamente ha declinado una posible candidatura ha sido Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Según ha declarado la exministra francesa: “Yo no soy candidata. Ya tengo un trabajo muy importante, y tengo la intención de completar mi mandato”.

Lagarde arrastra una incomoda investigación judicial en su país pero podría haberse convertido fácilmente en una candidata de consenso y, de hecho, su descarte se ha interpretado como una baza adicional a favor de Juncker.

 

imagen

imagen