Abengoa gana tiempo para superar la quiebra

Con la firma el pasado 24 de diciembre de un préstamo de 106 millones de euros otorgados por la banca acreedora a la multinacional Abengoa, el grupo energético español gana tiempo para pactar la reestructuración de su abultada deuda.
 Vista de la entrada a las obras en el complejo Antel Arena, una de los trabajos llevados adelante por la firma Teyma, propiedad de Abengoa. EFE/Archi Vista de la entrada a las obras en el complejo Antel Arena, una de los trabajos llevados adelante por la firma Teyma, propiedad de Abengoa. EFE/Archivo/Juan Ignacio Mazzoni

Gerardo Domínguez

La noticia supone sobre todo un respiro provisional para Abengoa, aunque no es suficiente para disipar todas las dudas que planean sobre su viabilidad. Pero aunque la situación de la empresa es muy complicada, su base industrial permite, si no un abierto optimismo, al menos una cierta esperanza en su posible recuperación.

Una de las soluciones sería encontrar lo que en la jerga económica se conoce como un “caballero blanco” (socio amistoso que acude al rescate de una empresa) para su sección de ingeniería, como a punto estuvo de ser la empresa vasca Gonvarri, cuya retirada ante la imposibilidad de acceder a una línea de crédito, provocó, en último extremo, la actual situación de preconcurso.

En cuanto al negocio de las instalaciones energéticas, considerada la parte más codiciada de la empresa, fuentes del Ministerio de Industria apuntan a que con su elevado nivel de negocio podría tener viabilidad propia.

Otra de las salidas podría ser el apoyo estatal a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO), una solución que no estaba incluida en la agenda del anterior Gobierno, pero que con el nuevo escenario político abierto tras las recientes elecciones generales no puede descartarse totalmente.

Pero si las previsiones más optimistas se cumplen y la operación acaba con un final feliz, sus consecuencias provocan dudas en varios de los protagonistas de la historia.

Entre ellos encontramos a los trabajadores, más de 24.000 en todo el mundo y 6.800 en España, que ven con incertidumbre su futuro laboral. Al mismo tiempo su situación preocupa a la administración por las consecuencias sociales derivadas de la pérdida de esos puestos de trabajo.

Tampoco están claras las consecuencias judiciales de la declaración de preconcurso. Titulares de bonos y acciones de Abengoa interpusieron una querella ante la Audiencia Nacional por presuntos delitos de administración desleal y uso de información privilegiada.

La querella fue admitida por la magistrada de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, que impuso una fianza civil de 11,5 millones de euros al expresidente de Abengoa, Felipe Benjumea, y de 4,5 millones de euros a su consejero delegado, Manuel Sánchez Ortega.

Con este panorama de fondo, la principal lección que puede extraerse de los problemas del no hace mucho buque insignia de las energías renovables, es el peligro del modelo de crecimiento industrial basado en el endeudamiento empresarial que en las décadas pasadas hizo posible el fácil acceso al crédito bancario. Un modelo que mostró su debilidad y vulnerabilidad con la crisis económica de 2008.

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