A quién interesa más mover ficha en Cataluña

En el debate sobre la cumbre europea del pasado martes, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, repitió en el Congreso al portavoz de CIU, Josep Antoni Durán Lleida, que no tiene inconveniente en recibir al presidente de la Generalitat, Artur Mas, si éste lo solicita.
El jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, saluda al presidente de la Generalitat, Artur Mas, en 2012. EFE/Archivo/BallesterosEl jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, saluda al presidente de la Generalitat, Artur Mas, en 2012. EFE/Archivo/Ballesteros

Antonio Soler

Pero Mas no quiere dar ese paso por lo que, en opinión de distintos analistas, el conflicto sigue enquistado en un inmovilismo perjudicial.

Sin embargo, resulta evidente que Rajoy no tiene nada que ganar en una negociación a corto plazo en la que no haya antes una retirada de la consulta independentista, pues de algún modo implicaría aceptar las tesis soberanistas sobre el derecho de una parte del territorio a decidir su separación del resto.

Todo ello sin hablar del coste electoral que supondría pues daría alas a las formaciones antinacionalistas como UPD y Ciudadanos, o a su derecha, como Vox.

Para el próximo líder de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, que definió la consulta impulsada por Mas como una “gran chapuza”, lo que hay que negociar son las preguntas a cambio de la legalidad del proceso.

Pero incluso aceptando semejante propuesta, ello no solucionaría el problema de fondo que, como dijo el pasado miércoles el conseller de economía de la Generalitat, Andreu Mas-Colell, “puede ser largo”.

Algo evidente cuando lo que está en juego son cuestiones importantes como el modelo de financiación o el papel de Cataluña en España.

En cambio, el presidente de la Generalitat tiene más urgencia para encontrar una salida, pues la consulta no se va a celebrar, como ha repetido hasta la saciedad el Gobierno central que cuenta con los suficientes instrumentos legales para impedirlo, y Mas quiere mantenerse dentro de la legalidad.

Pero tampoco puede retirar el referéndum cuando su decisivo apoyo y competidor, ERC, le conmina a celebrar la consulta sí o sí.

Además, ERC exige la celebración del referéndum para entrar en el ejecutivo catalán, algo que Mas necesita para evitar que el desgaste de la acción de gobierno afecte sólo a su partido, CIU.

Por eso Mas intentará una vía de en medio a través de una ley de consultas no refendatarias que, sin embargo, no pueden legitimar preguntas sobre un referéndum de independencia.

Entonces, ante la imposibilidad de celebrar la consulta, invocará el victimismo de “no nos dejan votar” y emplazará a los catalanes a manifestar su apoyo a la independencia en las próximas elecciones autonómicas que, en principio, deben celebrarse en el 2016.

Así las cosas, Rajoy cuenta con una ventaja estratégica evidente a la hora de mover ficha y es que el que tiene más que perder en el envite es Artur Mas, tanto frente al Estado como en Cataluña.

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Publicado en: Análisis