“Ni un paso atrás”, lema de opositores nicaragüenses tras 4 meses de lucha

"Ni un paso atrás" es la consigna repetida hoy en Nicaragua en la marcha que los autoconvocados hicieron por las calles de Managua, donde se vivió un renacer de las protestas iniciadas el 18 de abril y que pasaron por momentos de duda sobre la conveniencia de seguir adelante o no en la contienda.
Nicaragua espera que el diálogo nacional ponga fin a una crisis causada por multitudinarias manifestaciones a favor y en contra de Ortega, que ya se Nicaragua espera que el diálogo nacional ponga fin a una crisis causada por multitudinarias manifestaciones a favor y en contra de Ortega, que ya se han cobrado entre 58 y 65 muertes. EFE/Jorge Torres

Sabela Bello /EFE  Managua.

“Empezamos fuerte, pero tuvimos las bajas de compañeros que fueron asesinados, desapariciones de otros de los que aún no sabemos nada meses después, cientos de heridos, tanto física como psicológicamente, represión, amenazas. Después, hubo momentos de miedo y de duda, pero es claro que hay que seguir, dijo a Efe el joven Luis Carlos Chamorro.

El manifestante, quien reconoció la incertidumbre que le invadió a él “y a muchos otros compañeros en ciertos momentos”, señaló: “Es la hora de la gente, la hora de Nicaragua, de recuperar lo que nos corresponde, de ser libres, de tener justicia y paz, y eso solo lo vamos a lograr unidos en las calles”.

Los autoconvocados se mostraron “más convencidos que nunca” de la necesidad de luchar “unidos”, de llegar a donde sea necesario y de “reclamar justicia para más de 400 hermanos que dieron su vida por un país mejor para todos”.

“Ellos no se merecen que nos quedemos en casa mirando cómo continúan los abusos de un Gobierno que se cree dueño del mundo, dueño del destino de millones de nicaragüenses. Por ellos y por nosotros, vamos a seguir aunque nos cueste la vida”, según Chamorro.

Del mismo modo, la estudiante universitaria Sandra Lucía Palacio explicó que las protestas contra el poder “son la nueva revolución en este país” y como toda revolución, continuó, “no se puede hacer quedándose en casa y aceptando todas las injusticias” del Gobierno de Daniel Ortega.

Igual que su compañero, confesó el miedo que la invadió y que la mantuvo “casi tres semanas sin salir de casa, llorando y maldiciendo tanta muerte, tanta maldad que ha sembrado este Gobierno, que ni siquiera es legítimo, porque está ahí gracias a unas elecciones manipuladas”.

La forma de lucha cambió. Los opositores pasaron de ocultarse tras barricadas, de esconder sus rostros, de disfrazar su identidad bajo seudónimos, a pisar las calles “de forma pacífica, con marchas y plantones”, para reclamar lo que ellos consideran justo en democracia, “que es algo que lamentablemente no existe en Nicaragua, ni existirá hasta que consigamos que él se vaya (Ortega)”, dijo.

Y como Palacio y Chamorro, varios miles de personas, con más decisión y arrojo que en convocatorias anteriores, instaron a los compatriotas que por temor no salen a la calle a unirse y salir de nuevo a decir: “Daniel se va y si no se va lo echaremos”.

“Si no luchamos unidos nos matarán por separado. Viva Nicaragua libre”, rezaba un mosaico viviente formado con camisetas que cubrían los cuerpos de un grupo de personas convencidas de la consigna que lucían durante la multitudinaria manifestación.

Y mientras los autoconvocados caminaban por una céntrica zona de Managua, muy cerca del lugar, los oficialistas también hicieron su propia marcha, a la que convocaron, como ya viene siendo habitual, nada más hacerse pública la cita de los opositores.

Los oficialistas, en una caminata estudiada y organizada, lucieron pancartas de perfecta factura, camisetas progubernamentales, banderas rojinegras del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) pulcras y la ya tradicional consigna de sus convocatorias de “Aunque que te duela, Daniel se queda”, emulando una canción que no deja de sonar en sus eventos.

Y fue así cómo, con movilizaciones populares de uno y otro bando, enemigos confesos, se cumplieron 4 meses de protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, que comenzaron el 18 de abril por unas fallidas reformas de la seguridad social, convirtiéndose en una exigencia de renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción. EFE 

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Publicado en: Análisis