La cumbre de las Américas

Está por ocurrir el próximo mes de abril en Lima la VIII Cumbre de las Américas. Estas cumbres fueron instauradas por Bill Clinton en 1994 para promover el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Oscar Ugarteche, investigador de la UNAM.Oscar Ugarteche, investigador de la UNAM.

Oscar Ugarteche, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

 

La idea de esta ALCA viene desde 1889 cuando el Secretario de Estado Blaine promovió tratados bilaterales de comercio con todos los países americanos para crear un zollverein (unión aduanera) en palabra de Blaine. Esta idea continental fue enterrada en 1891 y sustituida por la política de libre comercio pactada en Bretton Woods por iniciativa del Tesoro de Estados Unidos en 1944 y por el acuerdo multilateral de comercio (GATT, 1947).

El bilateralismo comercial resucitó primero con Ronald Reagan, quien ante la guerra centroamericana quiso consolidar el espacio de América del Norte. En 1988 se firmó un tratado de libre comercio con Canadá y, en 1990, el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, propuso a Bush padre un tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) y de paso para el hemisferio.

George Bush padre promovió el TLCAN y el ALCA, pero sería Bill Clinton quien lo tomaría como una iniciativa política en la Ira Cumbre de las Américas de Miami, en diciembre de 1994. Blaine y su política continental fueron reivindicados cien años más tarde.

Desde entonces hasta el año 2005 se promovieron negociaciones para lograr acuerdos de comercio bilaterales de países latinoamericanos con Estados Unidos, pero no lograron avanzar ni con los países más industrializados del Mercosur, ni con el principal exportador de petróleo. Los que saltaron pronto a la firma de tratados fueron los países exportadores no energéticos. México, el primero, ya tenía el TLCAN desde 1994.

Desde ese año, Estados Unidos ha firmado 20 tratados de libre comercio. De esos, más de la mitad (11) están en el hemisferio occidental: Chile (18 millones de habitantes), Colombia (47,5 millones), Costa Rica (5 millones), República Dominicana (11 millones), El Salvador (6 millones), Guatemala (15,5 millones), Honduras (9 millones), México (124,5 millones), Nicaragua (6 millones), Panamá (4 millones) y Perú (31 millones).

Estados Unidos tiene un mercado sin aranceles para sus bienes industriales y agrícolas subsidiados de 277,5 millones de personas en el hemisferio y quiere consolidarlo con las economías industriales y con el principal exportador de petróleo para asegurar su energía y el tamaño del mercado y el hemisferio. Al otro lado de estos acuerdos está una presencia militar estadounidense creciente y la IV Flota Naval en lo que parece ser el regreso de la Doctrina de Seguridad Nacional.

Los otros socios son Australia (23 millones de habitantes), Israel (8 millones y principal receptor de ayuda militar), Bahréin (1 millón) Omán (3,5 millones), Singapur (6 millones), Canadá (35 millones de personas), Corea del Sur (51 millones) y Marruecos (33 millones) que suman 160,5 millones de personas. No habiendo logrado firmar con la Unión Europea el TTIP, y habiéndose salido del TPP, le resta consolidar su espacio hemisférico ahora que los líderes progresistas del MERCOSUR fueron sustituidos por líderes empresariales.

El ejercicio de hacer un ALCA es similar al Tratado de Ottawa de 1932. La Conferencia Económica del Imperio Británico de 1932 dio pie a un Tratado Imperial (o Tratado de Ottawa) que contenía doce acuerdos de libre comercio bilaterales entre Gran Bretaña y sus colonias más importantes, y entre las colonias. El objeto de este tratado era asegurar el mercado industrial británico y el uso de la libra esterlina.

Al espacio conformado por el Tratado de Ottawa se le conoció como la zona esterlina. Lo paradójico es que el entonces secretario del Tesoro, Henry Morgenthau, urgió a Gran Bretaña en mayo de 1944 a disolver el Tratado de Ottawa para dar espacio al espíritu de libre comercio incorporado en Bretton Woods.

El multilateralismo diseñado en el departamento del Tesoro estaba en su fase de expansión y el final de colonialismo a la vista como consecuencia del término de la segunda guerra mundial. No habría más relaciones asimétricas entre una metrópoli y sus colonias, como en el tratado de Ottawa o Tratado Imperial, y se establecerían relaciones económicas internacionales más simétricas a partir de una base multilateral. Con la firma del GATT, suscrita por los socios del Acuerdo de Ottawa, se prohibió la extensión de las preferencias existentes con los tratados bilaterales, y se disolvió finalmente el Tratado de 1932.

La resurrección del bilateralismo comercial y la creación de una zona americana en el mismo espíritu de la zona imperial contradice el espíritu multilateral y regresa las relaciones internacionales a una etapa de entreguerras. Peor aún cuando el socio mayor de estos tratados está mostrando que es unilateral en la implantación de aranceles y que ignora los tratados firmados en la Organización Mundial del Comercio, en 1995.

La agresividad mostrada con dos de sus socios comerciales más importantes, China y México, dan lugar a meditar sobre la seriedad con la que negocia Estados Unidos o si su único fin es la subordinación de los socios en el campo contractual y legal; y la utilización del CIADI para la resolución de controversias.

Lo cierto es que, si se firma el ALCA, habrá discriminación comercial y desvío de comercio de parte de Estados Unidos que preferirán vender sin aranceles al resto del mundo. Esto será competencia desleal para el resto del mundo que tiene aranceles.

En caso de hacer ambos, habrá discriminación comercial y en caso de aplicar represalias unilaterales como viene haciendo, estará haciendo uso de su derecho de mayor entre pequeños y no de los instrumentos internacionales creados con tanto esfuerzo desde la segunda guerra mundial.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.