Hacer posible el mayor ejercicio democrático del mundo

Mis primeros recuerdos sobre las elecciones europeas se remontan al 10 de junio de 1987, cuando a los españoles se nos brindó la oportunidad de ser parte activa de un proyecto ilusionante: las Comunidades Europeas. Acabábamos de entrar y elegíamos a los diputados que habían de representarnos en el Parlamento Europeo, aquel seno de la democracia supranacional donde nos miraríamos de tú a tú con países como Francia, Alemania o Dinamarca.
Ramón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado del PP. EFE/Archivo/Angel DíazRamón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado del PP. EFE/Archivo/Angel Díaz

Ramón Luis Valcárcel, vicepresidente del Parlamento Europeo

 

Tres décadas después, en el horizonte se avistan ya las IX Elecciones Europeas, fijadas para mayo de 2019. Si bien la fecha parece aún lejana, procesos como el “brexit” nos llevan a pensar en el futuro próximo. Porque… ¿cómo afectará la salida británica a la estructura del sistema que compartimos? ¿Qué pasará con los 73 escaños que se queden vacantes? Sea cual sea la decisión que se tome en el Consejo Europeo, podemos convenir que las elecciones de 2019 constituirán el mayor ejercicio democrático del mundo, pues en él están llamados a votar casi 400 millones de ciudadanos.

Sin bien la cifra asombra, los demócratas aún no podemos estar contentos. Todo lo contrario: debemos esforzarnos para hacerla efectiva. Con frecuencia, la participación en los comicios europeos es modesta. Los ciudadanos ven las instituciones como algo lejano, intangible y demasiado abstracto, lo cual resulta entendible si tenemos en cuenta que muchos viven a miles de kilómetros de las capitales comunitarias.

Por tanto, el desafío de hacer llegar a todos la importancia de votar se antoja ciertamente complejo. Más cuando atravesamos tiempos en los que los mismísimos fundamentos de nuestro sistema democrático están cuestionados por movimientos eurófobos y partidos populistas, como ocurre en Polonia. Ahora, a los obstáculos geográficos añadimos el reto de lidiar con la munición de los populismos antieuropeos en esta llamada era de la posverdad: las noticias falsas (la supuesta prohibición de los kebabs, los montajes sobre avalanchas de millones de migrantes a la UE, etc). Como demostró la campaña por el “brexit”, el daño que causa la desinformación deliberada a la salud democrática y a la convivencia puede ser irreparable.

Así, lo primero es consolidar ante todos los ciudadanos -sin olvidar a los que, en estos años, han optado por opciones populistas- el valor de la democracia comunitaria, explicando la importancia que tiene tomar la palabra en la elección de los 751 eurodiputados llamados a representar sus intereses. Acto seguido, debemos lograr que aumente la participación electoral, pues no hay mejor antídoto contra el mito del ‘déficit democrático de la UE’ que una dosis elevada de implicación ciudadana.

En base a estas prioridades, el Parlamento Europeo trabaja ya en una estrategia de comunicación con un objetivo claro: acercar Europa al ciudadano. Elaborando y transmitiendo información independiente, objetiva y comprensible, decenas de profesionales se esfuerzan cada día para que lo que hace esta institución sea conocido, valorado y entendido por los votantes; incluso, por aquellos a los que no les interesa la política europea. Se trata de ser lo más inclusivos posibles para asegurar que esta cámara de representación se asemeja lo máximo posible a la realidad social de nuestra Unión.

La clave es centrarse en aquello que más preocupa a los ciudadanos: empleo, crecimiento económico, terrorismo, migración y medioambiente, según el Eurobarómetro. Sin embargo, las prioridades cambian de un país a otro -y de ahí la importancia de ‘regionalizar’ el mensaje-. A los españoles nos afligen, sobre todo, el paro, el terrorismo, la pobreza y la exclusión social. Mientras, los checos, por ejemplo, reclaman más avances en defensa y gestión de la migración. La realidad es que el Parlamento Europeo atiende todos estos asuntos a un tiempo, como se puede ver en cada sesión plenaria. Por ejemplo, en la de septiembre aprobamos aumentar en 500 millones de euros la Iniciativa de Empleo Juvenil, mejorar los mecanismos de coordinación en la lucha antiterrorista y establecer puntos wifi gratuitos en más de 6.000 municipios.

Pero, para que los ciudadanos sean verdaderamente conscientes de que gran parte de las decisiones que afectan a su vida diaria se toman a nivel europeo, el papel de los medios de comunicación es clave. Desde el más grande de cada país hasta el más modesto de cada municipio, todos pueden contribuir a que su audiencia esté bien informada de lo que se hace en Bruselas y Estrasburgo. La gente quiere conocer qué carreteras se han arreglado en su región con fondos europeos, qué hospitales y escuelas se han construido, cuántos empleos se han creado o a cuántos jóvenes se ha concedido beca para estudiar en el extranjero. Y los mejor posicionados para contárselo son los medios que operan en la cercanía. En este sentido, las Oficinas de Información que tiene el Parlamento Europeo en los Estados miembros pueden resultar de gran ayuda. En España, las de Madrid y Barcelona facilitan el acceso de los periodistas a las fuentes de información comunitarias. Además, mantienen estrechas relaciones con autoridades nacionales, regionales y locales, así como con grupos de la sociedad civil (centros educativos, sindicatos, think-tanks…), sirviéndoles de enlace con los eurodiputados.

Pero, más allá de los esfuerzos institucionales para implicar a los ciudadanos de cara a las elecciones de 2019, lo más importante es seguir trabajando para obtener resultados. Porque no hay mejor manera de animarles a ir a votar que demostrándoles que la Unión Europea es útil, y que lo que se hace en Bruselas y Estrasburgo se traduce en mejoras palpables. Hoy nuestra economía crece al mayor ritmo desde la crisis y el paro va bajando, pero todavía no es suficiente. Los jóvenes cada vez tienen más oportunidades de formarse y trabajar en otros países, pero debemos seguir esforzándonos para que, quienes lo deseen, puedan emprender y desarrollar su proyecto de vida en España. La política migratoria está dando resultado, tanto en términos de seguridad europea como de vidas salvadas en el Mediterráneo; pero aún hay que lograr que no se produzca ninguna muerte más, y también hay que emplearse a fondo para que los mecanismos de integración social funcionen lo mejor posible.

Como Vicepresidente responsable de la Política de Información, mi propósito es que el Parlamento Europeo afronte las elecciones de 2019 con una estrategia integradora, bidireccional y adaptada a los tiempos. Una estrategia que dé voz a los ciudadanos -a todos ellos- y que aproveche al máximo las oportunidades que ofrecen las redes sociales para llegar a los más jóvenes, sin descuidar a las generaciones que aún se informan a través de los medios tradicionales. Espero que sirva para establecer una plataforma de diálogo continuo y honesto, en la que quienes integramos la Eurocámara -única institución comunitaria elegida por sufragio directo- podamos rendir cuentas ante quienes representamos, y a través de la cual los votantes puedan transmitirnos sus preocupaciones, deseos y necesidades. Si conseguimos que en 2019 acudan a votar más europeos de los que lo hicieron en 2014 (“brexit” mediante), el mayor ejercicio democrático del mundo no sólo será posible: también será un éxito.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.