Chacón, la exministra pionera que se rebeló contra su “corazón al revés”

Con un "corazón al revés", como ella definía la cardiopatía que sufría desde que nació, Carme Chacón se rebeló contra la vida tranquila a la que parecía destinada y se convertió en una ministra pionera en la democracia española y en una de las dirigentes más destacadas del socialismo catalán y español.
Carme Chacón pasando revista a las tropas en abril de 2008, cuando era ministra de Defensa. EFE/Archivo/Paco CamposCarme Chacón pasando revista a las tropas en abril de 2008, cuando era ministra de Defensa. EFE/Archivo/Paco Campos

Àlex Cubero

Nacida en 1971 en Esplugues de Llobregat (Barcelona), estaba destinada a una vida menos frenética, debido a las 35 pulsaciones a las que le latía el corazón desde su nacimiento prematuro.

Con su habitual tono suave y pausado, ella resumía irónicamente su cardiopatía congénita -que sufren 100.000 españoles- como “un corazón al revés”. Los médicos le recetaron una vida sin apuros, como “tocar el piano o hacerse monja”. Ella agradecía siempre, sin embargo, que sus padres nunca la educaran como a una enferma.

En principio no podía hacer deporte ni tampoco ser madre. Y aún así durante años se hartó de correr de un lado a otro la pista de baloncesto -primero como jugadora, después como entrenadora hasta los 23 años-, y más tarde llegó su único hijo, Miquel, de nueve años.

Dos aspectos que hablan de una persona que encaró con rebeldía los obstáculos en el camino, como cuando sintió que su voz “molestaba” en el partido después de quedarse a 22 votos de Alfredo Pérez Rubalcaba en la lucha por liderar el PSOE en 2012.

Perdida esa oportunidad de oro y distanciada de la dirección, tomó la decisión de dejar el Congreso e irse a Estados Unidos como profesora residente en la Universidad Miami Dade College.

Un punto y aparte en su carrera política que le sirvió para volver a una de sus pasiones, la docencia. Se habituó a un ritmo menos acelerado. Recuperó su vida privada. Volvió a “hacer de madre”. Tomó distancia respecto a la política y el partido. Y encaró ese año como un reciclaje personal. “Maduré”, admitía.

Quizá requería aquella maduración que se mencionó en 2009 en los famosos “papeles de Wikileaks”. “Es lista y se ha ganado suficiente respeto para ser eficaz ministra. Pero es inmadura políticamente”, decían los servicios secretos del Departamento de Estado de EEUU.

Pero su juventud también le había permitido marcar algunos hitos en democracia. Con 36 años fue la ministra más joven de la historia de España, como titular de Vivienda en 2007 (récord que le arrebató Bibiana Aído). Fue además la primera mujer al frente de las Fuerzas Armadas y la primera en ser madre en el ejercicio de su cargo.

Tenía fama de fría y distante, pero también de convicciones férreas. Por eso generó revuelo al acudir con traje de chaqueta y pantalón, estilo “esmoquin”, a la tradicional fiesta de la Pascua Militar, en que las mujeres protocolariamente llevan vestido.

O como cuando su fotografía dio la vuelta al mundo al pasar revista a las tropas embarazada de siete meses, avanzada gestación que no le impidió realizar varios viajes al extranjero para visitar a contingentes militares españoles en Afganistán, Líbano y Bosnia.

Un mandato en el que tuvo que gestionar la retirada de tropas de Kosovo, la liberación del Alakrana secuestrado por piratas somalíes o la marcha de los soldados españoles de Bosnia. Años antes, en Vivienda, fue autora de una de las normas estrella de Zapatero para los jóvenes, la renta básica de emancipación.

Y es que Carme Chacón mamó socialismo desde la cuna. Influyó su abuela, una enamorada de Felipe González. Pero más peso tuvo su abuelo, un republicano aragonés que combatió con 15 años y fue represaliado por el franquismo, y que a los 80 se moría por “beberse la vida” porque “la historia de mi país -le dijo una vez- me ha robado la juventud”.

Hija de un emigrante andaluz, que fue arquitecto técnico y bombero, y de una abogada catalana, Chacón se licenció en Derecho en la Universidad de Barcelona, mientras trabajaba de dependienta en la sección de “Faldas y blusas” de El Corte Inglés. Hizo un Erasmus en Manchester (Reino Unido) y completó sus estudios en Friburgo (Alemania) y Canadá.

Militó en las Juventudes Socialistas y en 1994 se afilió al PSC. Cinco años más tarde fue elegida concejal en su ciudad, antes de su despegue definitivo de la mano de Rodríguez Zapatero y los exitosos 25 diputados que logró encabezando el PSC en las generales de 2008.

Entre sus pasiones estaban leer y escribir poesía porque, contaba, “no hay nada más bonito que una poesía que te desgarra”. Sus desgarros favoritos eran los de Pedro Salinas, Miquel Martí i Pol y el ruso Aleksandr Pushkin.

Publicado en: Análisis