40 aniversario de la Constitución. Las mujeres en la construcción de la democracia

El próximo 6 de diciembre celebraremos el 40 Aniversario de la Constitución española, que fue aprobada por una gran mayoría de los ciudadanos y supuso el paso de una dictadura a una democracia.
Getafe (Madrid), 08.05.1977.- Intervención de Cristina Almeida en el mitin del Partido Comunista de España, durante la campaña electoral para las eGetafe (Madrid), 08.05.1977.- Intervención de Cristina Almeida en el mitin del Partido Comunista de España, durante la campaña electoral para las elecciones del 15 de junio. EFE/Archivo/Volkhart Müller

 

Cristina Almeida, abogada laboralista, defensora de la igualdad y ex militante del Partido Comunista

 

En la redacción del texto no participo ninguna mujer, los llamados “Padres de la Patria” fueron hombres, un indicativo de la falta de representación de las mujeres en la vida político-social de la España de entonces.
Pero la construcción de la Democracia no empieza y termina con la Constitución. Fue un largo proceso de lucha, casi tantos años como duró la dictadura, de miles de hombres y mujeres que perdieron durante los también 40 años de dictadura su vida, su libertad, su patria; personas que tuvieron que salir al exilio, soportar torturas y cárceles, pero mantuvieron siempre la lucha por la libertad y donde la participación, sufrimiento y solidaridad de las mujeres fue muy importante, aunque en los momentos decisivos de reconocer esta participación, no las integraron en la decisión política.
El golpe de Estado que llevó al establecimiento de la dictadura en España supuso una falta absoluta de libertades para todos los españoles y españolas, pero por la propia composición del régimen, que construye un estado confesionalmente católico, significó un retroceso mucho mayor para las mujeres, que tuvieron durante la Republica el reconocimiento de derechos y oportunidades, que les aventuraba un futuro de igualdad y que se vio roto por la imposición de un modelo de mujer por la Iglesia, que delegó su educación a la Sección Femenina, considerándolas menores, sometiéndolas al padre y al marido, negándolas la capacidad de obrar.
No voy a hacer un pormenorizado relato de las múltiples discriminaciones, voy a señalar los parámetros que la dictadura establece para las mujeres y que explica su doble lucha en pro de la democracia.

Las mujeres hicieron un esfuerzo mayor que los hombres por las libertades, incluso sin la comprensión de sus compañeros, a veces con la oposición de los mismos.
Son los movimientos feministas de los años 60 y 70 los que movilizan a las mujeres en la reclamación de igualdad y reconocimiento de los derechos que las mantenían postergadas, rebelándose y rompiendo con el aislamiento.

Junto con los movimientos de mujeres de Europa y Latinoamérica, las españolas incorporan a las luchas por la libertad y la democracia, sus reivindicaciones específicas: igualdad legal; igualdad en el trabajo, igualdad en el matrimonio, derecho a los anticonceptivos, aborto legal, divorcio, corresponsabilidad familiar, etc.
Estas reivindicaciones estaban en la calle, pero no en los políticos ni en las organizaciones entonces clandestinas. A partir de la muerte del dictador, en l975, que coincide con el primer Año Internacional de la Mujer, declarado por las Naciones Unidas, y con la I Conferencia internacional de la Mujer en México, donde nos representó Pilar Primo de Rivera, bajo la defensa del modelo de mujer de la Sección Femenina, tuvieron que realizar algunas mejoras legales respecto a la mujer. Una de ellas, fundamental para todas nosotras, sobre todo para las casadas, fue suprimir el permiso del marido para casi todo lo que deberíamos hacer por nosotras mismas, lo que significo que en un país que no existía el divorcio y había muchas separaciones de hecho, las mujeres recuperamos nuestra capacidad de obrar .
En aquella Conferencia Internacional se acordó que se entra en el decenio de la igualdad, la educación y el trabajo de las mujeres; y coincidió con la obtención de la democracia en España. Esa explosión democrática supuso para nosotras la posibilidad de luchar por esas pretensiones del decenio (igualdad, educación y trabajo); y nos planteamos, más allá de la Constitución, alcanzar una democracia real, más igualitaria, que avanzara en derechos de igualdad para las mujeres.
Y aunque ninguna mujer participó en la redacción del texto constitucional, si hubo, pocas, pero hubo, mujeres elegidas en las primeras elecciones democráticas de 1977. Esas 27 mujeres que obtuvieron escaños en el Congreso y Senado fueron testigos, incluso antes de la aprobación de la Constitución, en octubre de l978, de como se legalizaban los anticonceptivos o se despenalizaba el adulterio y el amancebamiento que tantos años de cárcel habían costado a las mujeres adulteras y pocos a los hombres “amancebados”.
Y como anécdota, cuando se votó el artículo 57 de la Constitución, sobre la sucesión a la Corona – que daba preferencia al varón y constituía la única discriminación por razón de sexo-, todas las mujeres elegidas abandonaron el Congreso en desacuerdo.
La Constitución acuerda en su artículo 14 la igualdad de todos los españoles/as ante la Ley sin discriminación alguna. Pero una cosa es establecerlo y otra hacerlo realidad. Y eran tan evidente las dificultades que nos íbamos a encontrar, que la propia Constitución, en su articulo 9.2 establecía:
“Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”.
Es en este articulo, y no en el mero programático reseñado, en el que las mujeres entendemos nuestra lucha de pasado, presente y futuro, y desde ese momento nuestras reivindicaciones se centran en la eliminación de obstáculos que, en primer lugar, lo eran las leyes desiguales.
Logramos cambiar leyes que ignoraban la naturaleza de las agresiones a las mujeres: en 1989 la violación, que era considerado como un delito contra la “honestidad”, se transformo en delito contra la “libertad sexual” y los malos tratos familiares, inexistentes como delito, se transforman, en delitos de violencia de género, que sucesivamente se van ampliando, no sin dificultades ni deficiencias, pero indudablemente se va cambiando la situación progresivamente. Las luchas, cada vez mas masivas, van determinando una nueva conciencia sobre las mujeres y el movimiento feminista que se transforma y crece con jóvenes que no se resignan en una sociedad patriarcal que les niega oportunidades.
Y la participación de las mujeres en política, insignificante en las primeras elecciones democráticas, de apenas el 6%, hoy llega al alrededor del 39%. La tendencia ha sido considerar a las mujeres como imprescindibles para mejorar la sociedad y eso lo logramos luchando con las primitivas “cuotas” y las sucesivas leyes de paridad, que – a mi parecer – han puesto al movimiento feminista español como referente para muchos países europeos.
Esa movilización ha ido conquistando derechos, desde el divorcio al aborto, que logró que no solo que se despenalizara la homosexualidad sino que se legalizara el matrimonio homosexual -muy impulsado por el movimiento feminista-, ha ido permeardo a la sociedad y haciéndola mas consciente de la imposibilidad de aceptar la desigualdad y la violencia contra las mujeres.
¿Y que nos queda en el futuro? Son tantas las cosas que muchas piensan que no ha cambiado nada. Pero no es así, hemos obtenido muchos derechos que no teníamos, pero si la desigualdad fue creada por la sociedad patriarcal que daba preeminencia al varón, nos queda cambiar el modelo de sociedad para que esa concepción no siga propiciando la desigualdad. Educar en igualdad es esencial para cambiar los comportamientos de hombres y mujeres, y se de la corresponsabilidad familiar frente a los hijos, y que no se condene a las mujeres a trabajos no remunerados, mal pagados y que predeterminan su futuro desigual.
Tenemos por delante la lucha contra la brecha salarial, por la igualdad en los puestos directivos de las empresas, de la política, de la universidad; porque cuando se trata de méritos, ganamos las mujeres, pero cuando son designaciones a dedo ganan los hombres. Hay que romper ese techo de cristal que -yo creo- es de hormigón armado o al menos cristal blindado.
Y, sobre todo, hay que asumir un debate vital referido a una educación en igualdad, que no permita a los hombres comprar el cuerpo de una mujer para su deseo sexual o alquilarlo para engendrar un hijo mediante un contrato a la pobreza. Esos modelos reducen a la mujer a un mero objeto adquirible, mientras que los hombres hacen de España el primer país consumidor de prostitución en Europa, lo que nos demuestra la falta de educación sexual y de igualdad.
Quiero expresar mi decidida voluntad de abolir ese comportamiento, reclamo la penalización a los usuarios de esos servicios que contribuyen a la trata del 80% de las mujeres que son prostituidas, pues mientras esto subsista ni habrá igualdad ni habrá una sociedad mas justa.

 

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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