25 años de la Ceremonia de Inauguración de Barcelona’92

Se han cumplido 25 años de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Unos juegos que cambiaron la imagen de una ciudad que era gris e industrial y que pasó a ser de todos los colores y tremendamente turística.
Momento en la inauguración de los JJOO, en el que los equipos participantes se cubren con la bandera olímpica. Efe/Archivo/J. MartínMomento en la inauguración de los JJOO, en el que los equipos participantes se cubren con la bandera olímpica. Efe/Archivo/J. Martín

Luis Bassat

Cuando asumí la responsabilidad de realizar las Ceremonias Olímpicas de Barcelona’92 me planteé que más que hacer un simple espectáculo, realizaría como un spot publicitario de Barcelona, de Cataluña y de España. Tuve la suerte de contar con dos socios extraordinarios: José Mª Casanova del diario Sport y Pepo Sol de Ovideo TV.
Hice lo que había aprendido en los casi veinticinco años que tenía de experiencia publicitaria: utilicé personajes famosos, como Plácido Domingo, José Carreras, Jaume Aragall, Joan Pons, Montserrat Caballé, Teresa de Berganza, Alfredo Kraus y Mª Victoria de los Ángeles. En una ocasión le preguntaron a Julio Iglesias si no estaba molesto conmigo por no haberlo incluido en las Ceremonias. Contestó con gran inteligencia: España no es famosa por su música pop, en cambio tiene los mejores cantantes de ópera del mundo. Por eso creo que la elección es perfecta.
De la misma manera que la música me ha ayudado a transmitir emociones en el mundo de la publicidad, también me ayudó a conseguir emocionar una audiencia televisiva de casi 1500.000.000 de telespectadores. Tuve la suerte de contar con la colaboración de José Carreras como director musical de las ceremonias. Pudimos conseguir que el músico japonés Ryuichi Sakamoto, autor de la música de la película “El pequeño emperador”, ganadora del Oscar a la mejor música, aceptara componer y dirigir una pieza de alrededor de veinte minutos de duración sobre la que el grupo de teatro La Fura dels Baus realizaría una recreación del viaje por el mar Mediterráneo del espíritu olímpico, que nació en la Grecia de la antigüedad y que llegó a Barcelona muchos siglos después, pasando por todo tipo de dificultades.
También en la publicidad aprendí que el diseño del producto es fundamental por lo que cuidamos enormemente tanto el diseño del vestuario, que realizó Toni Miró, como el diseño de la propia ceremonia y contamos con un director auténticamente cuidadoso con ello, Manuel Huerga, y con los artistas Mariscal y Peter Minshall, que tuvo el talento de diseñar un mar Mediterráneo formado por mil “olas” de tres metros de diámetro, con lo que llenamos el Estadio con mil personas. Habíamos calculado que necesitaríamos cerca de diez mil con un vestuario tradicional.
Hasta lo más tradicional, el flamenco, tuvo un aire de sorpresa y de modernidad. La directora del Ballet Nacional, Cristina Hoyos, entró y salió del Estadio al galope en un precioso caballo negro.
A lo largo de los más de dos años que tardamos en preparar las ceremonias, pedimos consejo a muchas personas, entre ellas a un psicólogo, que nos dijo que en el mundo del espectáculo no hay emoción si no hay riesgo, y nos puso el ejemplo de un circo con acróbatas que hacen triples saltos mortales con una red.
Decía que al cabo de unos cuantos minutos el público ya esperaba el número siguiente. Por el contrario, si esos mismos acróbatas u otros hacían tal vez no triples saltos mortales sino dobles, pero sin red, que pasaríamos todo el rato de su número agarrados a los brazos de nuestros asientos y con un cierto sudor frío en la espalda. Esta fue otra razón por la que decidimos encender el pebetero con una flecha que lanzó un arquero desde 67 m de distancia y 27 de altura.
Evidentemente era una idea creativa, lo que yo he defendido siempre en el mundo de la publicidad, pero también era una idea arriesgada que haría contener el aliento a los espectadores. Y así fue. Hoy en día la gente recuerda los Juegos Olímpicos de Barcelona porque el pebetero se encendió con un arco y una flecha.
Recuerdo que la primera idea que tuve al leer un informe olímpico en el que se decía que durante los Juegos todos los deportistas compiten bajo la misma bandera, fue pensar en cubrir a todos los atletas que iban a estar en el estadio con una gigantesca bandera olímpica, que por cierto está en el libro Guinness de los Records ya que fue la mayor bandera realizada en Europa y la segunda bandera mayor del mundo después de una que se hizo en China.
Las Ceremonias Olímpicas han sido el trabajo profesional más importante de mi vida. Conté con dos años, un extraordinario grupo de 165 colaboradores y 3.000.000.000 de pesetas, que traducido a euros son 18.000.000.  Incluso a mí me parece imposible haber hecho todo aquel trabajo con tan poco dinero y quiero dar las gracias aquí a la generosidad de la mayor parte de artistas que hicieron su trabajo por el precio simbólico de una peseta, que al final el Ayuntamiento de Barcelona acuñó en oro. Mi agradecimiento también al responsable de los Juegos, José Miguel Abad, al alcalde de Barcelona Pasqual Maragall, y al Presidente del Comité Olímpico Internacional Juan Antonio Samaranch.
Desde entonces, han pasado 25 años y cuando veo en un vídeo aquellas imágenes aún se me ponen los pelos de punta, como creo que se le pusieron a muchas personas que tuvieron la suerte de verlo en directo desde el Estadio o por las televisiones de todo el mundo.

(Luis Bassat, ha sido presidente de Ovideo Bassat Sport)

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Publicado en: Análisis