23-F, el golpe de Estado involucionista que vivió España hace 35 años

Se cumplen 35 años del 23 de febrero de 1981, cuando la democracia española vivió uno de los momentos más frágiles de su historia. Todo empezó a las 18.23 horas de la tarde del 23-F, cuando un pelotón de guardias civiles al mando del teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso, donde se votaba la investidura como nuevo presidente de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), al grito de: ¡Quieto todo el mundo! ¡Al suelo, todo el mundo!.
Madrid, 23.02.1981.- El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados durante la segunMadrid, 23.02.1981.- El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados durante la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno. EFE/Archivo/Manuel P. Barriopedro.

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Calvo Sotelo debía suceder en el cargo al dimisionario Adolfo Suárez, también de la coalición centrista UCD.
La operación golpista había comenzado unos meses antes, en julio de 1980, en un encuentro entre Tejero, el civil Juan García Carrés y el teniente coronel Pedro Mas Oliver, ayudante del teniente general Jaime Milans del Bosch, a la sazón capitán general de Valencia. El principal motivo era la frágil situación política del país y el elevado número de muertos y secuestros por terrorismo.
Además, ya en noviembre de 1978 había tenido lugar la desarticulación de la Operación Galaxia, una intentona golpista por la cual su principal responsable, el propio Antonio Tejero, fue condenado a siete meses de prisión.
En ese año, en 1981, España hacía frente a una crisis económica que los Pactos de la Moncloa sólo atenuaron en parte. La inflación rondaba el 15% y el paro ascendía al 13,5%, frente al 6% del régimen anterior, con el que algunos sectores no dejaban de comparar la recién estrenada democracia.
El golpe contó con tres puntos clave en su planteamiento: la toma del Congreso, la intervención de la División Acorazada Brunete (DAC) y la incorporación al golpe de los capitanes generales tras el bando que se haría público en Valencia.
Según lo previsto, en el plan se establecía el nombramiento del general Armada Comyn como presidente del nuevo Gobierno. Sin embargo, el proceso fue abortado con celeridad, ya que Milans del Bosch había impuesto el estado de excepción en Valencia y Tejero se había hecho fuerte en el Congreso.
El rey asumió la defensa de la Constitución y la Junta de Jefes de Estado Mayor tomó medidas para reprimir todo atentado contra la Carta Magna. A su vez, el vacío del poder civil fue asumido temporalmente por un gobierno provisional constituido por los subsecretarios de todos los ministerios.
Para detener la intervención de la División Acorazada y la participación del resto de los capitanes generales, se pusieron en marcha las directrices del capitán general de Madrid, Guillermo Quintana Lacaci, y del jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general José Gabeiras Montero.
El primero impidió que la Acorazada se pusiera en marcha, mientras el segundo desmontó los intentos de Milans de convencer a los capitanes generales de que el Rey estaba detrás del golpe.
En aquella tarde-noche se pronunció una frase que ha pasado a la historia, “el rey no está ni se le espera”, que en medio de la confusión detuvo el golpe. Emitida por el general Sabino Fernández-Campo, secretario general de la Casa del Rey, se la dijo al general Juste Grijalba, jefe de la División Acorazada Brunete, cuyos blindados estaban dispuestos a entrar en Madrid.
Fue decisiva la intervención directa de don Juan Carlos, quien apareció en televisión vestido de capitán general, desautorizando a los conspiradores.
Fue a las 01:14 horas, del día 24, el Rey con uniforme de capitán general dirigió un mensaje a los españoles a través de radio y televisión en el que ordena el mantenimiento del orden constitucional.
A continuación, Milans del Bosch ordenaba la retirada de las tropas en Valencia, y sobre las 01:30 horas, el general Armada abandonaba el Congreso.
Pasadas las seis de la mañana, Miláns del Bosch dejó el puesto de mando y tres horas después, en el Congreso, a las nueve, el teniente coronel Tejero firmó su rendición en el llamado Pacto del Capó, en la que se establecía que no se pidieran responsabilidades de teniente hacia abajo, petición que fue aceptada.
En el Pleno del Congreso del día 25, el general Gutiérrez Mellado era ovacionado por su actuación y Leopoldo Calvo Sotelo, investido presidente del Gobierno.
Dos días después, el 27 de febrero se convirtió en una jornada de protesta por la democracia, se celebraron multitudinarias manifestaciones en todo el país a favor de la Constitución y la democracia, y en contra del golpismo. EFE-Doc