Rebajas fiscales: ¿Qué fue del informe Lagares?

La rebaja fiscal aceptada por el Gobierno a cambio del apoyo de Ciudadanos al techo de gasto para el próximo ejercicio ha suscitado un encendido debate sobre la conveniencia de bajar los impuestos en un momento en el que la economía crece más de lo esperado pero hay que embridar el déficit público.
Una mujer pide información en una oficina de la Agencia Tributaria en Madrid, durante la campaña de la declaración del impuesto sobre la renta. EFEUna mujer pide información en una oficina de la Agencia Tributaria en Madrid, durante la campaña de la declaración del impuesto sobre la renta. EFE/Archivo/Mondelo

Miguel Ángel Mondelo

De acuerdo con las explicaciones ofrecidas por los responsables de Ciudadanos, los contribuyentes que ganen entre 12.000 y 14.000 euros dejarán de pagar el IRPF, quienes ingresen entre 14.000 y 17.000 pagarán menos y los que tengan personas dependientes a su cargo contarán con una deducción de hasta 1.200 euros. En principio, el impacto en la recaudación será de unos 2.000 millones.

Los detractores de esta rebaja consideran que pone en peligro la senda de reducción del déficit público comprometida con Bruselas y que no es una buena idea bajar los impuestos cuando es necesario recuperar el gasto público recortado durante la crisis. Aseguran, además, que la rebaja no beneficia a los contribuyentes con menores ingresos, puesto que quienes ganan menos de 12.000 euros ya están exentos del IRPF.

Los defensores de la rebaja creen que el impacto será inferior a los 2.000 millones porque, con dinero adicional en sus bolsillos, las familias consumirán más, lo que permitirá recuperar parte de lo perdido a través de otros impuestos, como el IVA.

Inciden también en que es de justicia aligerar la carga a las clases medias trabajadoras después de las subidas de impuestos aplicadas durante la crisis.

En su opinión, el cumplimiento de los objetivos de déficit no está en riesgo porque la recaudación crece a buen ritmo y la economía se comporta mejor de lo esperado. Tanto el Gobierno como varios servicios de estudios han revisado al alza la previsión de crecimiento para este año, que podría superar el 3 %.

En general, tanto las críticas como los elogios hacen hincapié en una parte limitada de la ecuación, sin una visión de conjunto del sistema fiscal, un problema que afecta también a la rebaja pactada por PP y Ciudadanos.

Quizás sería positivo sacar del cajón el informe para la reforma del sistema fiscal que elaboró hace tres años un comité de expertos encabezado por el catedrático de Hacienda Pública Manuel Lagares.

Ese grupo de “sabios” recomendaba bajar las cotizaciones sociales, que dificultan la creación de empleo, y subir el IVA mediante el paso de productos del tipo reducido al normal, una sugerencia que han repetido desde entonces numerosos organismos internacionales.

Proponía también rebajar el IRFP y simplificarlo mediante la reducción del número de tramos, y compensar una eventual caída de la recaudación limitando las deducciones. En este punto, no está de más desempolvar la idea defendida en su momento por el exministro Miguel Sebastián y por su sucesor al frente de la Oficina Económica de Moncloa, David Taguas, de establecer un tipo único del IRPF.

Esta propuesta fue muy contestada en su momento porque, según sus críticos, hacía menos progresivo el impuesto, pero lo cierto es que, con este modelo, la progresividad se mantiene y se puede modular a través del mínimo exento. ¡Hagan números!

El informe Lagares recomendaba, además, recortar el impuesto de sociedades a cambio de podar a fondo las deducciones actuales y gravar las actividades y productos con externalidades negativas, es decir que perjudiquen el medio ambiente o la salud de los ciudadanos.

Aunque se pueda discrepar de sus planteamientos, la virtud de ese informe es su visión de conjunto, un aspecto clave porque el sistema fiscal es un ecosistema en el que cada impuesto juega un papel.