PSOE, el peso en el aparato y la fortaleza electoral avalan la apuesta de Díaz

Susana Díaz competirá finalmente por el liderazgo socialista, una batalla en la que contará con su peso en el aparato del partido y su condición de candidata invicta como principales argumentos con los que enfrentarse al "no es no" sobre el que cabalga Pedro Sánchez y a la "batalla para unir" que quiere encarnar Patxi López.
La secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta, Susana Díaz. EFE/Artchivo/José Manuel VidalLa secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta, Susana Díaz. EFE/Artchivo/José Manuel Vidal

 

En el PSOE, esa capacidad de victoria, acreditada en las elecciones autonómicas de 2015 y respaldada por los resultados en Andalucía en el resto de comicios celebrados desde entonces, es uno de los principales avales que Díaz puede exhibir, sobre todo en tiempos en que los socialistas encadenan un revés detrás de otro.

En esa comunidad el PSOE ha contenido, mejor que en ninguna otra, la fuga de votos hacia Podemos y, pese a los enormes cambios experimentados por la escena política española en los últimos años, se ha mantenido en el gobierno. “Susana representa la fuerza del PSOE, la fuerza de ganar”, resumió en diciembre el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, uno de sus más entusiastas apoyos.

Del vigor que el PSOE mantiene en Andalucía se deriva otra de las fortalezas de la candidatura de la presidenta andaluza: alrededor de la cuarta parte de los militantes del PSOE pertenecen a la federación que ella preside, lo que a priori le garantiza un respaldo que puede ser determinante.

Ya lo fue hace tres años. El apoyo de Díaz y de la federación andaluza aupó como secretario general a Pedro Sánchez, que al comienzo de las primarias era un candidato escasamente conocido y terminó imponiéndose con holgura al favorito, Eduardo Madina.

Entonces Díaz acaricióestuvo muy cerca del liderazgo socialista. La renuncia de José Griñán la había hecho presidenta andaluza y tras el pésimo resultado de las elecciones europeas su figura se proyectaba como referencia salvadora del partido. Pero Díaz quería una victoria sin desgaste, así que declinó competir con Madina y apoyó a Sánchez.

También a su favor está el apoyo de amplios sectores orgánicos del partido, incluidos los líderes regionales de Extremadura, Castilla La Mancha, Comunidad Valenciana, Asturias y Aragón, es decir, todos los dirigentes que gobiernan comunidades autónomas excepto la de Baleares, Francina Armengol.

Una ventaja que tiene su reverso negativo para Diaz en la identificación de su candidatura con el aparato, al que miran con recelo muchos militantes que aún no han perdonado la abstención en la investidura de Mariano Rajoy y que vieron con disgusto que se forzara la salida del anterior secretario general, Pedro Sánchez.

Porque si antes del Congreso socialista de 2014 la presidenta andaluza representaba aire fresco y una promesa de vuelta a los buenos tiempos para un partido que languidecía, durante estos tres años su imagen se ha desgastado en una soterrada batalla con Sánchez, frente al que a menudo ha actuado como contrapoder.

El epílogo de ese proceso fue el turbulento Comité Federal del 1 de octubre que acabó con la renuncia del secretario general y la dirección en manos de una gestora controlada por los afines a la líder andaluza.

Una prueba del desgaste de Díaz son las encuestas que la sitúan por detrás de Sánchez y Patxi López en las preferencias de los votantes socialistas -también para los de Podemos-. Por contra, es la opción preferida por los seguidores del PP y de Ciudadanos.

Aunque esos datos, al no referirse a militantes del PSOE, impiden hacer pronósticos de lo que pasará en las primarias, si confirman que la candidatura de Díaz es percibida como más centrada y menos izquierdista que la de sus rivales.

Sin embargo, la presidenta andaluza rechaza que las primarias se planteen como un debate entre más o menos izquierda, ya que en el PSOE todos son socialistas y todos “de izquierda”, y se remite a la ponencia marco del congreso del partido, cuya parte política se presenta el 25 de marzo, un día antes que su candidatura.

Mientras tanto, su mensaje huye de concreciones y apela a conceptos genéricos de fácil adhesión: “hay que abandonar las derrotas electorales, necesitamos al PSOE más PSOE que nunca, un partido que represente a la mayoría y que garantice que todos vamos a vivir mejor”, señalaba hace un mes en Ayamonte (Huelva).

Frente a la apuesta por la plurinacionalidad que ahora abandera Sánchez como solución al debate identitario y, en particular, al conflicto independentista en Cataluña, Susana Díaz se erige como defensora de la unidad y de la igualdad entre territorios y se ciñe a la doctrina oficial del partido, contenida en la declaración de Granada de 2013 -reforma constitucional en un sentido federal-.

De los tres contendientes en las primarias, la presidenta andaluza es quien más tiene que perder porque si es derrotada su autoridad al frente del Gobierno andaluz se verá socavada y su carrera política afrontaría un serio retroceso.

Si gana tendrá que decidir si deja la Junta o intenta hacer compatible la presidencia de una comunidad autónoma y el liderazgo nacional del partido, algo que nadie ha hecho hasta ahora. Desde la oposición andaluza, pero también desde su propio partido, muchas voces subrayan que el ejercicio de esos dos cargos es incompatible y Ciudadanos podría replantearse seguir sosteniendo su gobierno.

Por último, un factor que también parece jugar a favor de Díaz es la probable división del voto contrario entre los otros dos candidatos.

Ambos estuvieron en el mismo bando hasta la salida de Sánchez, defendieron el “no a Rajoy” -aunque López terminó absteniéndose en la investidura- y proponen un PSOE inequívocamente orientado a la izquierda. EFE

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Publicado en: Análisis