REPORTAJE: Murillo, IV centenario de su nacimiento

En este año 2017 se celebra el IV centenario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) uno de los genios del barroco español, un artista que vivió y murió donde nació, en Sevilla, ciudad a la que está ligada su obra, una efeméride que se extenderá también a 2018. Murillo debió nacer a finales de diciembre de 1617 pues su partida de bautismo, en la Iglesia de María Magdalena de la capital hispalense, está fechada el 1 de enero de 1618.
  • Tres operarios proceden a la instalación del cuadro 'Santa Ana enseñando a leer a la Virgen', que forma parte de la exposición organizada por la FuTres operarios proceden a la instalación del cuadro "Santa Ana enseñando a leer a la Virgen", que forma parte de la exposición organizada por la Fundación Focus-Abengoa "Velázquez. Murillo. Sevilla", que permanece abierta al público hasta el 28 de febrero de 2017. EFE/Raúl Caro
  • Detalle de la "Inmaculada Concepción de Aranjuez" de Murillo. Foto EFEFOTOTECA FERNANDO.jpg:FOTOTECA FERNANDO
  • Joven mendigo o Niño espulgándose, obra de Bartolomé Esteban Murillo datada entre 1645-1650. Museo del Louvre. París. Francia
  • "Muchachos comiendo melón y uvas" de Bartolomé Esteban Murillo, datada sobre 1650, y que se encuentra en la Munich's Old Pinakothek
  • Tres operarios proceden a la instalación del cuadro 'Santa Ana enseñando a leer a la Virgen', que forma parte de la exposición organizada por la Fu
  • Detalle de la "Inmaculada Concepción de Aranjuez" de Murillo. Foto EFE

 

Amalia González Manjavacas

 

– El “Año Murillo” que ha sido presentado en Sevilla, Londres y Madrid, se trasladará también a Berlín, París y Nueva York, una efeméride en la que han colaborado académicos, historiadores del arte, profesores y catedráticos universitarios de diversas ciudades de España, así como museos nacionales e internacionales.

– La organización del IV centenario del nacimiento de Murillo constituye una extraordinaria oportunidad para visitar la capital hispalense, donde nació, vivió y murió el artista, maestro de vírgenes, santos y penitentes, pero también de la gente corriente, anónima, de su tiempo.

– Tanto para el que fue su gran biógrafo, Diego Angulo, como para el catedrático Enrique Valdivieso, fue en los discípulos de Murillo como Pedro Nuñez, Juan Simón, Sebastián Gómez, el Mulato, o Pedro Meneses,  donde “el maestro se perpetúa y ha hecho permanente el murillismo en la historia de la pintura” 

 

La presentación del Año Murillo en Madrid  el pasado mes de enero tuvo como escenario la bella sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y estuvo presidida por el director honorario de esta institución, el catedrático emérito de Historia del Arte, Anonio Bonet Correa,  quien a sus 92 años, nos situó a uno de los genios del barroco andaluz en el tiempo y en el espacio, la Sevilla del siglo XVII.

La Academia ya alberga de forma permanente en sus estancias once lienzos de gran formato del maestro sevillano, destacando por su importancia el titulado: “San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres”.

Nada mejor que las palabras de Bonet Correa  para situar al pintor, “Sevilla y Murillo son una misma cosa. Murillo fue un pintor universal y, al mismo tiempo, muy sevillano. Pocas veces una ciudad y un artista han tenido una relación tan intensa”.

Según explicó Bonet, Sevilla en el siglo XVII, y ya antes desde la expansión americana, con Carlos V y Felipe II, no era una ciudad más, ya que ostentaba el monopolio del comercio con las Indias, contaba con Audiencia, diversos tribunales de justicia, el de la Inquisición, Arzobispado, Casa de la Moneda, Casa de Contratación, consulados y aduanas y fue, durante todo el siglo XVII, símbolo de una gran metrópoli, a la altura de Roma o París, por ser puente al Nuevo Mundo y la ruta a América.

Murillo viajó varias veces a Madrid para ver las Colecciones Reales pero, a diferencia de su coetáneo Diego Velázquez, no triunfó en la capital, quizás ensombrecido al lado del autor de “Las meninas”. Después de aquella experiencia ya no saldría de su ciudad natal, donde sin embargo tuvo mucho éxito como pintor.

La organización del IV centenario del nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo (1617- 1682)  constituye una extraordinaria oportunidad para visitar la capital hispalense, donde nació, vivió y murió Murillo, para actualizar el conocimiento parcial que a menudo se tiene de su obra, y verlo más allá del gran maestro de vírgenes, inmaculadas, o santos, que lo fue, y resaltar su faceta como retratista de toda una época, en especial, las clases humildes.

Sirva como síntesis de esta dualidad, el acertado títuloMurillo, sombras de la tierra, luces del cielo” del catedrático de historia del Arte de Sevilla, Enrique Valdivieso,  para recordar que si bien Murillo pintó como ningún otro pintor, vírgenes, ángeles, santos o mártires, también retrató con especial  hondura y ternura  la sociedad de su época,  la de tantos personajes anónimos de su tiempo: niños que vagan por las calles,  muchachos que actúan y miran con naturalidad, hasta con descaro, al espectador, como queriendo dejar constancia de esa otra realidad más cercana: “mujeres riendo en la ventana”,  “muchacho con un perro”, “el niño espulgándose” o “los niños comiendo uvas y melón”, son algunos ejemplos.

 

GRANDES EXPOSICIONES.

El Año Murillo comenzó con una primera gran muestra organizada por la Fundación Focus, Velázquez, Murillo en Sevilla” en la sede del antiguo Hospital de los Venerables de la capital andaluza en noviembre de 2016, a la que seguirá “Murillo y su estela en Sevilla, que cubrirá, según los expertos, uno de los aspectos más necesitados de la investigación sobre el pintor sevillano: la revisión a través de sus discípulos.

Tanto para su gran biógrafo, Diego Angulo, como para Enrique Valdivieso, fue en sus discípulos como Pedro Nuñez, Juan Simón, Sebastián Gómez, el Mulato o Pedro Meneses, entre otros, donde el maestro se perpetúa y hace permanente el “murillismo” en la historia de la pintura.

Otro apartado sujeto a estudio en otra gran exposición, “Murillo y la arquitectura efímera”, será la fiesta barroca como componente esencial de las ciudades, así como las arquitecturas efímeras que para aquellas se levantan. Cualquier celebración religiosa o profana contaba con aparatosas escenografías o montajes temporales, unas estructuras que transformaron y embellecían la imagen cotidiana de la ciudad. En la Sevilla del XVII se levantaron estos teatrillos con motivo de acontecimientos relacionas con la familia real, bodas, beatificaciones, canonizaciones, o para el corpus christi, la fiesta grande la ciudad.

La muestra “Murillo y la Modernidad” abarca la trayectoria de todo gran artista en esa gran simbiosis entre vida y obra. La dispersión de su trabajo se inició ya en su vida, pero no fue hasta los saqueos de la Guerra de la Independencia (1808) cuando llegaría a proposiciones no igualadas por ningún pintor, haciendo que su obra se convierta en abanderada de distintos posicionamientos religiosos e incluso políticos. Un pintor que pasó de catalogarlo como un maestro excelso hasta reducirlo, de forma intencionada, en mero modelo religioso para el populismo beato.

Sirva ahora, el IV centenario de su nacimiento para que su obra sea conocida en su verdadera dimensión, a pesar de que gran parte de ella salió muy pronto de Sevilla, y de España. Sevilla está llena de rincones y espacios públicos y privados donde Murillo dejó su huella, ya sea porque tuviera alguna relación con él, o porque se conserven sus cuadros.

De hecho se pueden recorrer ahora los distintos itinerarios de la capital andaluza a modo de oferta cultural y patrimonial, que van desde la catedral, el Palacio Arzobispal, el Hospital de la Caridad, el Hospital de los Venerables, Santa María la Banca, el Convento de los Capuchinos o el de San Leandro, hasta llegar, a la misma casa natal del pintor, actual sede del Instituto Andaluz del Flamenco, uno de los objetivos del Año Murillo que también quiere recuper este espacio de manera definitiva. EFE/REPORTAJES

 

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