La nueva estrategia del PSOE de Pedro Sánchez en marcha

Con la reunión del martes pasado con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el acuerdo alcanzado para poner en pie una alianza que haga frente al Gobierno de Mariano Rajoy, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, certifica el giro a la izquierda que ha adoptado como nueva estrategia del PSOE.
El secretario general y candidato del PSOE, Pedro Sánchez, interviene en el acto de inicio de la campaña electoral en la plaza Pedro Zerolo de MadriEl secretario general y candidato del PSOE, Pedro Sánchez, interviene en el acto de inicio de la campaña electoral en la plaza Pedro Zerolo de Madrid. EFE

 

Carlos Moral

 

Los efectos de ese frente común desde la izquierda son inciertos, porque los 157 diputados que suman PSOE y Unidos Podemos no son suficientes para llevar adelante sus iniciativas ni para bloquear las que ponga en marcha el Gobierno y mucho menos para presentar una moción de censura, como desea el partido que lidera Iglesias.
Enfrente, Mariano Rajoy exhibió músculo horas después al entrevistarse con el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, para abordar el techo de gasto y los presupuestos de 2018. Juntos reúnen 169 diputados, suficientes para frenar las propuestas de PSOE y Unidos Podemos salvo que estos logren sumar otros apoyos.
El de Ciudadanos está descartado, puesto que Rivera reitera que no participará en ese espacio de diálogo con PSOE y Podemos que quiere Sánchez, aunque sí es posible que alcance acuerdos puntuales, como ha ocurrido hasta ahora. Así las cosas, las posibilidades de construir una alternativa por la izquierda se desinflan, porque el PSOE no cuenta con los soberanistas catalanes mientras mantengan su desafío independentista.
Sin embargo, lo que sí supone el acuerdo del PSOE y Unidos Podemos es un cambio radical en la relación entre ellas. Si cuando surgió, Podemos identificaba las políticas del PSOE con las del PP y los socialistas despreciaban las propuestas de la formación morada por populistas, ahora la rivalidad es sustituida por el mutuo reconocimiento y la coincidencia en que el otro es necesario para alcanzar el gobierno.

Una postura que contrasta con los desencuentros que se sucedieron entre Iglesias y Sánchez tras las elecciones de diciembre de 2015: entonces, el líder socialista se presentó a la investidura tras fraguar un acuerdo con Ciudadanos y Podemos votó en contra junto al PP, cuando su mera abstención habría permitido a Sánchez sustituir a Mariano Rajoy.

La estrategia diseñada por la nueva dirección socialista pasa por afianzar la hegemonía del partido en la izquierda como base para su crecimiento. Y con los acuerdos alcanzados con Iglesias, Sánchez hace visible la nueva orientación que quiere imprimir al PSOE y lanza un guiño a los antiguos votantes socialistas que se pasaron a Podemos.
Sánchez e Iglesias acordaron crear grupos de trabajo que pacten reformas en torno al desarrollo de la ley de igualdad, la renta mínima, el plan de rescate a los jóvenes, el salario mínimo o las pensiones, entre otros, y también buscarán una postura común sobre el techo de gasto para 2018.
Medidas de marcado contenido social para las que buscarán el apoyo de otros grupos parlamentarios y con las que, más allá de su éxito al hacerlas efectivas, la dirección del PSOE se posiciona en la izquierda y trata de marcar distancia con las políticas que considera que propiciaron el declive electoral del partido durante la crisis económica que comenzó en 2008.
En el frente interno, el avance de los “sanchistas” continúa. Los partidarios del secretario general parecen dispuestos a dar la batalla en los próximos congresos regionales -se celebrarán entre julio y octubre- y pugnarán con seis de los actuales líderes que se alinearon contra Sánchez en las primarias del partido.
Los más relevantes son los casos de la Comunidad Valenciana, Aragón y Asturias, donde los actuales secretarios generales son, además, presidentes autonómicos, todos ellos en gobiernos sostenidos con la ayuda de otras fuerzas de izquierda. Javier Fernández (Asturias) ya ha anunciado que no concurrirá a la reelección y Javier Lambán (Aragón) todavía duda.
De los líderes críticos con Sánchez solo Susana Díaz (Andalucía), Guillermo Fernández Vara (Extremadura) y Emiliano García Paje (si finalmente se presenta) parecen tener asegurada la continuidad.
Decidido a evitar la contestación interna que afrontó en su primera etapa al frente del partido, Sánchez está determinado a recortar el peso de los líderes regionales, como ya quedó claro tras el Congreso Federal, cuando los llamados “barones” fueron desplazados de la dirección y del Comité Federal.
El secretario de Organización, José Luis Ábalos, resumió el miércoles la doctrina que guía los pasos de la nueva dirección: el PSOE “no es una confederación de partidos independientes” y el sentido del voto a los objetivos de déficit y deuda que acompañarán el techo de gasto de 2018 lo decidirá la Ejecutiva. EFE

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