El Guernica, 80 años del símbolo universal contra la barbarie

El Guernica fue pintado por Picasso en poco más de un mes –del 1 mayo al 4 de junio 1937- por encargo del Gobierno de la República y con el fin de representar a España en la Exposición Universal de aquel mismo año. En un principio el artista no sabe bien qué pintar, hasta que el 26 de abril el brutal bombardeo sobre la población vasca de Guernica, le despeja cualquier duda. Aquel episodio devastador quedará plasmado en un cuadro de imponente dimensiones como alegato contra la crueldad de la guerra, que hoy 80 años después sigue siendo un símbolo universal contra todo tipo de barbarie humana.
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  • Fragmento de la pintura "Guernica" realizada en el año 1937 por el pintor español Pablo Picasso, meses después de que la aviación alemana arrasase la población vasca de GuernicaDetalle de la pintura "Guernica" pintada en mayo de 1937 por el pintor español Pablo Picasso. Mueso Arte Moderno Reina Sofia.
  • El Guernica, 1937, de Pablo R. Picaso, en el Museo Nacional de Arte Moderno Reina Sofia. Madrid.El Guernica, 1937, de Pablo R. Picaso, en el Museo Nacional de Arte Moderno Reina Sofia. Madrid.
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  • Fragmento de la pintura "Guernica" realizada en el año 1937 por el pintor español Pablo Picasso, meses después de que la aviación alemana arrasase la población vasca de Guernica
  • El Guernica, 1937, de Pablo R. Picaso, en el Museo Nacional de Arte Moderno Reina Sofia. Madrid.

Amalia González Manjavacas.

En enero de 1937 el Gobierno de la II República le encargó a Pablo Ruiz Picasso, (1881-1973), el artista español más reconocido internacionalmente, que meses antes había sido nombrado director del Museo del Prado (cargo que nunca ejerció por  el estallido de la guerra española), un mural para representar a España en la Exposición Universal de París de aquel mismo año. Un pabellón que debía tener evidentemente un marcado carácter propagandístico de la República.

El encargo supuso para Picasso un desafío. Al principio el pintor no parecía encontrar un motivo en el que centrarse, quizás debido circunstancias de la guerra (1936-1939). En enero hizo su primer aporte político como pintor a la causa republicana. Grabó dos grandes planchas divididas en 9 viñetas, una dura crítica contra los rebeldes: “Sueño y mentira de Franco” (I y II).

Las causas de esa crisis pudieron ser además debidas al marcado carácter propagandístico que el gobierno republicano exigían para la obra, que le limitaba mucho y por otro lado, se encontraba atravesando una crisis personal. Picasso, separado de  Olga Koklova, no conseguía su divorcio, vivía con Marie-Thérése Walter y, desde 1936, la fotógrafa Dora Maar era su amante oficial, y la autora de todo el reportaje fotográfico de la evolución de esta obra.

El 26 de abril de 1937 aviones alemanes de la Legión Cóndor, ayudados por italianos, aliados de los nacionales, bombardearon Guernika, pequeña localidad vizcaína que no constituía ningún objetivo militar y cuya devastación fue un acto brutal. hacia la población civil. Fue un episodio gratuitamente cruento, no había razones que justificaran el ataque de una pequeña ciudad sin valor militar alguno, poblada entonces casi exclusivamente por mujeres, niños y ancianos.

Tras el schock que supuso aquel salvaje acto, Picasso salió de su aparente atolladero creativo: el atroz bombardeo además de mostrar el horror y el sufrimiento de la guerra le permitía dar con el tema para el encargo del Gobierno.

El primero de mayo de 1937, París vivió una fiesta del trabajo marcada por un rotundo rechazo al ataque militar contra la villa vasca, mientras en España se confundió lo que se pudo. Ese mismo día Picasso se puso a trabajar febrilmente en la que sería su obra magna. Durante los siguientes diez días hizo numerosos bocetos de lo que podría ser el cuadro hasta que encontró el soporte definitivo, una tela de 3,49 x  7,76 metros, instalada en un taller especial que Dora Maar había buscado para este propósito.

Con sorprendente rapidez,  entre el 1 de mayo y el 4 de junio, Picasso creó el que iba a ser uno de los iconos del siglo XX: un mural de enormes dismensiones pintado en blanco y negro -con una variadísima gama de grises y toques azulados casi imperceptibles-, recurriendo al lenguaje cubista, el más radical de todos, con deformaciones surrealistas.

Picasso efectuó ocho versiones del cuadro hasta llegar a la definitiva, en la que el caballo desafiante ocupa la posición central y el sol se transforma en luz artificial, una luz fantasmagórica que parce traducir los resplandores del bombardeo. El cuadro no representa únicamente la devastación de Guernica, ni siquiera es un alegato contra la Guerra Civil española, sino que se extiende a la tragedia, a la crueldad que supone cualquier tipo de violencia, donde todo es horror y dolor, algo que se siente, que nos hiere incluso, nada más vemos el cuadro.

Eso es lo que debió de sentir aquel oficial alemán cuando al  inspeccionar la casa de Picasso en París, durante el registro un oficial nazi, al ver sobre la mesa una foto del Guernica, le preguntó al artista: “¿ha sido usted quien ha hecho esto?”, a lo que él espetó: “¡No, ustedes!”.

 

  …”Habría que ser ciego, tonto o crítico para no verlo”. (Picasso)

 

El Guernica se ha convertido en un símbolo universal contra la barbarie humana, cualquiera que sea, si produce dolor. Es aquí donde radica su fuerza, la universalización de su mensaje, todo un símbolo de la sociedad civil, de la democracia contra los desastres y el sufrimiento que conlleva los totalitarismos.

Pero Picasso era consciente que esta obra debía ser contemplada no sólo por entendidos del arte, sino, por todo tipo de personas que visitaran el pabellón español, por lo que partió de una masacre que tuvo resonancia internacional.

El caballo y el toro son las dos figuras antagónicas con más problemas interpretativos incluso contradictorios, puesto que todos presentan verosímil argumentación, no siendo ninguna segura plenamente. Para unos el toro es alegoría de la muerte, (el fascismo) que vuelve la cabeza impasible al sufrimiento humano. Otros consideran que el tótem peninsular no puede ser más que la imagen heroica del pueblo español.

También oscila la interpretación del caballo entre la alegoría del bien o del mal; ser la representación del envite de la bota de la intolerancia, que pisotea brutalmente al pueblo, representado en ese guerrero/campesino de cráneo esférico , mientras para otros, el caballo es un animal que sufre, la imagen de la agonía del pueblo español, como las mujeres víctimas aterrorizadas que huyen despavoridas o gritan ante el hijo muerto.

Si rotundo resultó sobre la simbología de la obra durante su realización: “En la pintura mural en la que estoy trabajando y que titularé “Guernica”, y en todas mis obras, expreso claramente mi repulsión hacia la casta militar, que ha sumida a España en un océano de dolor y muerte”.

 Años después, en 1945 en una entrevista a Jerome Seckler para la revista estadounidense de izquierdas, New Mases”,  en 1945 añadió más dudas sobre aquella pregunta:El toro no es el fascismo, aunque sí la brutalidad y la oscuridad“.

Y es que el pintor malagueño parecía jugar al despiste y nunca dió una explicación completa. Si por ejemplo en aquella entrevista le confirmó que el caballo representaba el sufrimiento del pueblo, en otra ocasión, ante  la misma pregunta de si este animal representaba el totaliltarismo, la guerra, o la sinrazón  -que es lo más evidente-, respondió: “había que ser ciego, tonto o crítico para no verlo.”  EFE/Doc

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