Buscando la paz en Mindanao: el yihadismo filipino

Filipinas aparece en la prensa internacional cuando es azotada por un tifón o cuando se produce un acto terrorista en Mindanao. El conflicto en esta región del sur del país, bañada por el mítico mar de Sulú, fue el siglo pasado y sigue siendo hoy uno de los conflictos olvidados del mundo.

 En la imagen, el padre Ángel Calvo, misionero claretiano que ha hecho posible que los sama-bangingi recuperen su tierra y su modo de vida ancestral En la imagen, el padre Ángel Calvo, misionero claretiano que ha hecho posible que los sama-bangingi recuperen su tierra y su modo de vida ancestral. EFE/Archivo/Atahualpa Amerise

Angel Calvo, misionero claretiano en Mindanao desde 1972, fundador de PAZ (Peace Advocates Zamboanga) y director del Movimiento Interreligioso de Solidaridad por la Paz

 

La extensa isla de Mindanao fue dominada por los musulmanes un siglo antes del inicio de la Colonia española; pese a ello ha mantenido los sultanatos. Inicialmente fue el Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF) el que articuló la rebelión contra el Gobierno del dictador filipino Ferdinand Marcos (1965-1986), reivindicando su autodeterminación para el pueblo “Moro” como reivindican su identidad musulmana en un país mayoritariamente cristiano.

Luego fueron naciendo otros grupos armados hasta convertir Mindanao en un polvorín y en un laboratorio de guerra. El Bangsamoro (nación musulmana) reclama el derecho a su propia identidad y a gestionar su vida social, económica y política.

Hace 45 años se abrió un proceso de paz, varios presidentes lo han incluido en sus agendas, pero se sigue buscando una fórmula política que satisfaga las reivindicaciones de la comunidad musulmana.

El primer acuerdo se firmó en 1996, durante el Gobierno de Fidel Ramos, con el FMLN, que terminó gestionando durante varios años la Región Autónoma del Mindanao Musulmán (ARMM) creada en virtud de aquel acuerdo.

Una escisión, contraria a aquel tratado, denominada Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) firmó en 2012, durante la Presidencia de Aquino III, el llamado Acuerdo Marco de Paz (FAB), en el que se decidió reemplazar la ARMM por otra estructura.

Esta fórmula, que en principio cuenta con el visto bueno del actual presidente Rodrigo Duterte, debe ser aprobada ahora por el Parlamento -Estatuto del Bangsamoro- y ello requiere de una reforma constitucional que encamine al país hacia un sistema federal.

Durante esta larga rebelión musulmana en Mindanao, además de la búsqueda de la paz, se ha producido una radicalización islámica. La búsqueda de soluciones en medio de la violencia se ha visto muy influenciada por el llamado “Revivalismo” internacional, lo que ha dado lugar a grupos más radicales de influencia wahabista que han alimentado la violencia en Bangsamoro.

En la gran región de Mindanao los grupos mas extremistas son Abu Sayyaf, en Basilan y Sulu; Dawla Islamiyya, liderado por los hermanos Maute, en Lanao del Sur; y el Bangsamoro Islamic Freedom Fighters (BIFF), en Maguindanao. Estas organizaciones han sabido capitalizar las frustraciones de los jóvenes sobre la cultura occidental y secular dominante y, por otra parte, la persistente marginación sociocultural, histórica, política y económica que sufre la región donde viven.

La mayoría de los lideres religiosos musulmanes ven una evidente incongruencia entre los objetivos supuestamente nobles o elevados de estos grupos radicales y su ideología violenta y de acciones criminales. Para estos grupos radicales, reclutar jóvenes es su objetivo número uno.

Usan espacios religiosos tradicionales para sus actividades de reclutamiento, adoctrinamiento y entrenamiento; y tienen generosas provisiones para el pago de incentivos económicos -en efectivo-. Otro elemento que anima al reclutamiento es el sentimiento de venganza por los familiares asesinados, que en algunos clanes es muy profundo.

El movimiento Abu Sayyaf, que ha sido determinante en Basilan y Sulu desde los años 90, estuvo afiliado a Al Qaeda y otros movimientos del Sudeste Asiático como Jemaah Islamiya al-Harakatul; y ahora ha expresado abiertamente su apoyo al Daesh en su aspiración de establecer un Estado Islámico.

Durante los últimos 25 años han cometido atrocidades y atentados terroristas en sus propias comunidades, multitud de secuestros a misioneros, ciudadanos filipinos y extranjeros; algunas de sus víctimas fueron asesinadas, como el obispo de Joló, Monseñor Benjamín de Jesús.

Entre los hechos más recientes está el asedio militar a la ciudad de Marawi, en el centro de Mindanao y considerada una histórica capital islámica, que duró más de cinco meses en 2017, con un resultado trágico de más de 1.000 muertos entre fuerzas del Gobierno y civiles y más de 600 rebeldes. La resistencia fue una combinación de fuerzas: Abu Sayyaf -a cuyo frente estuvo Isnilon Hapilon, quien se había proclamado emir del Estado Islámico en Filipinas-; los hermanos Maute y políticos envueltos en el tráfico de drogas, además de algunos musulmanes llegados de países vecinos como Malasia e Indonesia.

La amenaza del Daesh en Mindanao es constante por la evidente presencia de grupos yihadistas que se sostienen gracias a sus continuados secuestros. Filipinas es un blanco particularmente tentador porque sus sucesivos gobiernos, desde la Segunda Guerra Mundial, han mantenido lazos muy estrechos con Estados Unidos.

De hecho, desde 2001, Estados Unidos ha tenido desplegadas tropas en Mindanao para frenar a Al Qaeda y a otros grupos yihadistas como Abu Sayyaf. Recientemente el jefe mayor del Comando Militar que controla las operaciones de seguridad de Mindanao declaraba que todavía existen más de 50 terroristas islámicos extranjeros reclutando y entrenando a jóvenes para atacar las ciudades de la región.

En este contexto es vital el diálogo interreligioso, que ayuda a curar las heridas que sufren todas las comunidades a causa de la violencia y las injusticias históricas. Esta solidaridad gana terreno en Mindanao, donde están surgiendo grupos de dialogo como nuestra organización PAZ (Peace Advocates Zamboanga) o el movimiento Interreligioso de Solidaridad por la Paz compuesto por miembros de las comunidades musulmana y cristiana – protestante, evangélica y católica- e indígenas.

 

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.