Aspiraciones nacionalistas en Europa

Europa es un compendio de culturas y pueblos donde persisten movimientos o territorios que aspiran a una mayor autonomía o incluso la independencia. Solo dentro de la Unión Europea una quincena de regiones cuentan con movimientos o partidos políticos que piden más cuota de autogobierno.
Un escocés con el traje tradicional en el Royal Highland de Edimburgo, durante el referéndum de Escocia (Reino Unido) el 18 de septiembre de 2014. EUn escocés con el traje tradicional en el Royal Highland de Edimburgo, durante el referéndum de Escocia (Reino Unido) el 18 de septiembre de 2014. EFE/Archivo/Andy Rain

por Redacción Internacional , Irene de Pablo y José Antonio González

Razones históricas, efectos indeseados de tratados, la lengua, la religión o elementos puramente étnicos son esgrimidos como elementos para justificar esa reivindicación.

Desde un punto de vista formal, la mayoría de los estados democráticos europeos se remiten a las leyes  previstas por cada constitución para encauzar esas aspiraciones. No siempre se ha respetado esa norma.

En otros territorios, por contra,  la guerra ha sido el camino para perseguir la independencia. En unos casos, esa opción bélica permitió la creación de un nuevo estado, como ocurrió en la antigua Yugoslavia con la Guerra de los Balcanes (1991-20019). En otros, pese a ello no se consiguió ese objetivo como sucedió en el Ulster  con los intentos de una parte de la población de reunificarse con Irlanda.

 

Francia: Córcega, Bretaña y País Vasco

En Francia, tres movimientos independentistas o autonomistas mantienen sus reivindicaciones propias, que van desde la autonomía a la independencia: Córcega, País Vasco y Bretaña.
En otras zonas del país subsisten movimientos regionalistas de menor entidad que son más bien una oposición al poder centralizador de París, así como en los territorios franceses de ultramar donde también movimientos de autonomía.
Córcega aparece como el caso más evidente de nacionalismo dentro del territorio francés. La pequeña isla mediterránea, con más de 320.000 habitantes, tiene desde 1991 un estatus propio dentro del país, con mayores competencias. Durante años estuvieron operativos varios grupos terroristas, con el Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) como principal organización, ahora prácticamente disuelta.
Actualmente, las fuerzas nacionalistas son mayoritarias, controlan la Asamblea local y son suyos tres de los cuatro diputados nacionales que se eligen en la isla. A partir del 1 de enero, la llamada Colectividad Territorial Corsa ampliará sus competencias.
El movimiento nacionalista en Bretaña tiene raíces históricas profundas, aunque se expresa más como una identidad propia, con una una lengua y una bandera, que como una reivindicación política, puesto que los partidos nacionalistas o autonomistas son muy minoritarios.
El nacionalismo vasco tiene menos presencia política y social en Francia que en la vecina España y sus reivindicaciones son también más modestas.
Aunque existen partidos nacionalistas, que piden unificar el territorio con el País Vasco español para constituir una nación independiente, tienen poco apoyo.
Los partidos de corte nacionalista apenas tienen representación en las instituciones en esta región de unos 300.000 habitantes.
El terrorismo de ETA, que martirizó la parte española, apenas afectó a la francesa, que fue un santuario durante años, antes de que París endureciera la política contra la banda terrorista.
Existen otros movimientos más minoritarios, cuyo elemento común es la reivindicación regional en oposición al centralismo de París. Son los casos de la Cataluña francesa, Saboya, el Limusín, la Borgoña o la Provenza.
El caso de Alsacia, una región a caballo históricamente entre Francia y Alemania, con 8.200 kilómetros cuadrados y 1,8 millones de habitantes, también cultiva su diferencia. Se habla en la calle de forma minoritaria el alsaciano -muy parecido al alemán- pero administrativamente goza de una autonomía similar al del resto de las regiones.
En 2013 se celebró un referéndum para unificar los dos departamentos alsacianos, pero no movilizó al 25 % del censo que le daba validez.
Entre los movimientos independentistas de los territorios de ultramar destaca el de Nueva Caledonia, archipiélago del Pacífico de 270.000 habitantes que goza de un estatus especial de autonomía dentro de Francia y que en noviembre de 2018 celebrará un referéndum de autodeterminación, recogido en la Constitución.

 

Reino Unido: Escocia, Irlanda del Norte y Gales

Los principales movimientos secesionistas en el Reino Unido se dan en Escocia, que celebró un referéndum de independencia en 2014; en Irlanda del Norte, donde el acuerdo de Viernes Santo puso fin a un largo conflicto en 1998, y en Gales, donde los nacionalistas subrayan una lengua y cultura propias.
La reivindicación independentista con mayor peso político es la escocesa, una región gobernada por el Partido Nacionalista Escocés (SNP), que mantiene 35 diputados en la Cámara de los Comunes británica.
En septiembre de 2014, el 55,30 % de los votantes en una consulta de autodeterminación en Escocia optó por continuar en el Reino Unido, mientras que el 44,70 % se decantó por la secesión.
La celebración de ese plebiscito fue el resultado de un pacto en 2012 entre el entonces ministro principal escocés, el nacionalista Alex Salmond, y el primer ministro británico conservador David Cameron.
La actual ministra principal de Escocia, la nacionalista Nicola Sturgeon, defiende impulsar un segundo referéndum de independencia una vez se conozcan las condiciones de salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), al considerar que el “brexit” supone un “cambio material” que no se preveía cuando se votó en 2014.
En Irlanda del Norte, las encuestas muestran cada vez más partidarios a la reunificación de esa región británica con la República de Irlanda, en parte debido a la incertidumbre derivada del “brexit”.
Irlanda del Norte se creó en 1921, cuando el Gobierno británico dividió la isla irlandesa en dos regiones. Un año después, la región del sur se constituyó como un estado independiente, la actual República de Irlanda.
La violencia marcó el territorio durante años, sobre todo a partir de finales de los sesenta del pasado siglo, por la pugna entre unionistas a la Corona y republicanos.
Cuando en 1998 el Acuerdo de Viernes Santo selló la paz habían muerto más de 3.500 personas a raíz del conflicto del Uslter.
La “Northern Ireland Act” estableció en 1998 la Asamblea de Irlanda del Norte, tras décadas en las que Londres había gobernado de forma directa la región, y determinó las nuevas competencias de la provincia autónoma.
En Gales, la principal fuerza política que defiende la independencia es el Plaid Cymru, que cuenta con una escasa representación en el Parlamento británico.
En 1998 se estableció la Asamblea galesa que una casi una década después adquirió nuevas competencias legislativas, más limitadas que en Escocia e Irlanda del Norte.

Alemania: Baviera

En Alemania, el estado federado con un mayor sentimiento de identidad propia es Baviera, el más conservador y próspero del país, donde desde hace décadas gobierna la Unión Socialcristiana bávara (CSU) y donde el secesionismo está representado por el residual Partido Bávaro (BP).
El Bayern Partei (BP) no tiene escaños en el Parlamento del “Land” y solo accedió al Parlamento federal en las elecciones generales de 1949, con un 4,2 % de los votos. En la actualidad tiene sólo seis concejales y 6.127 militantes, según sus cifras.
En las últimas generales, celebradas el 24 de septiembre de 2017, el BP obtuvo un 0,1 % de los votos -el mismo porcentaje que en 2013-, lo que representa 62.000 del total de 7,4 millones de votos emitidos en Baviera.
El partido reivindica la celebración de un referéndum independentista en Baviera, que constituye el eje de su programa. Sin embargo, el pasado diciembre el Tribunal Constitucional desestimó una demanda a favor de una convocatoria de ese tipo porque la Constitución alemana no contempla esa posibilidad.

Bélgica: flamencos y valones

Bélgica cuenta con una rica, compleja historia y estructura federal que ha dado lugar a comunidades lingüísticas y regiones con movimientos secesionistas propios.
El propio país es fruto de un movimiento independentista, ya que Bélgica era una región perteneciente a Holanda hasta 1830.
La primera Constitución reconoció la diversidad de Bélgica, donde se formaron tres regiones autónomas (Flandes, Valonia y Bruselas), cada una con un Gobierno y un Parlamento, pero también tres comunidades lingüísticas: francesa, flamenca y alemana.
La actual compleja división de poderes muestra las diferencias de dos comunidades, la valona y la flamenca (con Bruselas como enclave bilingüe forzado en el centro del país), que poco tienen que ver entre sí en términos culturales, lingüísticos e identitarios.
El factor económico se ha convertido en el argumento diferencial. Valonia pasó de ser una potencia industrial hasta los años 50 a perder pujanza en las décadas posteriores, mientras que Flandes progresó en ese mismo periodo. Esta situación ha generado la sensación de que el Estado emplea el “dinero flamenco” para cubrir los subsidios que se facilitan a los valones.
El nacionalismo flamenco, con el partido N-VA al frente, tiene una importante representación en el Parlamento federal tras ganar las elecciones del año 2014 con un 20,3 % del voto y forma parte de la actual coalición de Gobierno en el país. El objetivo final de los nacionalistas es un Flandes independiente como Estado miembro de la UE.

Italia: Norte del país, Cerdeña y movimientos regionales secesionistas

En Italia coexisten diversos movimientos que nacieron para reivindicar la independencia de su región basándose en particularidades culturales o en reclamaciones económicas, aunque el de mayor entidad fue el que se propagó por el rico norte del país.
Italia, reunificada en 1871, consta de 20 regiones y cinco de ellas cuentan con un estatuto “especial” que las confiere mayor autonomía: la alpina Trentino-Alto Adige, Friuli-Venecia Julia, el Valle de Aosta, en la frontera con Suiza, y las islas de Sicilia y Cerdeña.
Varias regiones cuentan movimientos secesionistas, aunque de muy poca importancia, y los casos más considerables son el de la Liga Norte (LN) y de algunos grupos independentistas sardos.
La LN fue creada en 1989 congregando bajo sus siglas a varios movimientos autonomistas activos en la Italia septentrional, la zona más próspera del país.
Esta formación inventó toda una simbología y fijó como objetivo lograr la independencia “por métodos democráticos” de una región ideal bautizada como “Padania”, que equivale a la llanura que se extiende, de este a oeste, entre los Alpes y el valle del Po.
La LN, con representación estatal y en el Parlamento Europeo, ha apartado por ahora las reivindicaciones de independencia por otro objetivo más tangible: la conquista del Gobierno central.
En Cerdeña, la coalición independentista “Unidos” tuvo un 5,72 % de votos en las elecciones regionales de 2014. Para esta formación la isla, con una importante herencia catalana dada su antigua pertenencia a la Corona de Aragón, es tratada como “la peor colonia del Estado” y demanda una reforma constitucional que permita debatir su independencia.
En Sicilia existe el refundado Movimiento Independentista Siciliano que, si bien carece de influencia política, propugana la secesión de Roma.

Dinamarca: Groenlandia e Islas Feroe

Dinamarca tiene dos territorios autónomos en el Atlántico Norte, Groenlandia y las Islas Feroe, en los que existen reivindicaciones independentistas, a las que Copenhague no se opone.
Las Islas Feroe son un archipiélago al norte de Escocia que tiene una población estimada de algo más de 50.000 habitantes.
Su reivindicación independentista se remonta al siglo XX y de hecho, al finalizar la II Guerra Mundial celebró un referendo consultivo sobre la independencia en el que ganó el sí.
Por diferencias políticas en el Parlamento regional, finalmente consensuó con la metrópoli un estatuto de autonomía y una asignación anual.
Las reivindicaciones prevalecen y el actual Gobierno autonómico anunció recientemente la convocatoria para abril del próximo año de un referendo sobre una Constitución propia que incluiría el derecho de autodeterminación y que cuenta con el visto bueno de Copenhague.
El Estatuto autonómico de Groenlandia entró en vigor en mayo de 1979, una vez que el Parlamento danés lo aprobó en forma de ley y después de recibir un apoyo del 70 % de la población groenlandesa en un referendo consultivo.
Las posteriores reivindicaciones de mayor autonomía de Groenlandia cristalizaron en otro referendo consultivo, que incluyó la autodeterminación, en 2008. El nuevo Estatuto entró en vigor al año siguiente y la secesión está paralizada.

Rumanía: magiares

El tratado de Trianon (1920) dispuso que una parte de la entonces imperial Hungría pasara a formar parte de Rumanía, donde hoy viven unos 1,5 millones de magiares.
La mayor parte de los húngaros de Rumanía viven en Transilvania, y en particular en la región de Tinutul Secuiesc, donde existe cierto sentimiento secesionista o anexionista a la “madre patria”.
A principios de este año, una iniciativa popular respaldada por el principal partido de la minoría húngara (UDMR) solicitó “la separación territorial por criterio étnico” de Tinutul Secuiesc.
El proyecto de secesión, rechazado de plano por el Gobierno central en Bucarest por vulnerar la Constitución, plantea crear una “comunidad autónoma con personalidad jurídica”.
Tinutul Secuiesc es una de las regiones más pobres de Rumanía, con un Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de apenas un 66 % de la media del país balcánico, el cual es a su vez uno de los más desfavorecidos de la UE.

Kosovo: mayoría albanesa y serbios

Cuando en 2008 la mayoría albanesa de Kosovo declaró unilateralmente la independencia de Serbia, los serbios de esta región pasaron a ser ciudadanos de un país al que no reconocen y del que aspiran separarse, bien para integrarse en Serbia de nuevo o para formar una entidad autónoma.
Aunque Kosovo ha sido reconocido ya como Estado por más de cien países, entre ellos EEUU y la mayoría de socios de la UE (pero no España), sigue sin ser parte de la ONU ante la negativa de muchos otros, especialmente Rusia y China, que tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad.
Aunque Serbia sigue considerando la declaración de independencia kosovar como una violación del derecho internacional y no la reconoce, en la práctica Belgrado ha asumido como un hecho su pérdida y negocia con Kosovo, bajo el amparo de la UE, cómo mejorar las relaciones mutuas.
Dentro de esas negociaciones, en 2013 se pactó dotar a los serbios de Kosovo, un 6,6 por ciento de la población total, de cierta autonomía. Ese acuerdo no se ha aplicado aún porque el Gobierno kosovar teme la creación de un Estado dentro del Estado.

Serbia: albaneses filokosovares

Los cerca de 60.000 albaneses étnicos que viven en el valle del Presevo, en el sur de Serbia, aspiran a dejar de ser ciudadanos de este país e integrarse en Kosovo, la exprovincia serbia que en 2008 proclamó de forma unilateral su independencia.
Durante seis meses, entre 2000 y 2001, la guerrilla local del Ejército de Liberación de Presevo, Medvedja y Bujanovac (UCPMB) luchó contra las fuerzas serbias para lograr esa anexión.
El conflicto bélico terminó y la guerrilla fue disuelta, pero la retórica nacionalista de los líderes albaneses sigue siendo igual de fuerte.
Los albaneses de Presevo alertan que se declararan autónomos si, a su vez, la minoría serbia de Kosovo obtiene el autogobierno. Y es que los albaneses de la zona comparten con sus “primos” de Kosovo muchos lazos familiares, cultura y costumbres.

Bosnia-Herzegovina: serbios, croatas y bosnio-musulmanes

Tras el fin de la guerra, en Bosnia-Herzegovina pervive la división étnica entre croatas, serbios y musulmanes, y está bajo la permanente amenaza de los movimientos secesionistas, especialmente de la República serbia.
Esa es una de las dos entidades autónomas, junto a la común de croatas y bosnio-musulmanes, en la que quedó constituido el país tras la guerra de 1992-1995.
Además, la existencia de diez cantones, con gobiernos y parlamentos propios, y del distrito neutro de Brcko, contribuyen a que Bosnia sea un país fuertemente descentralizado, con un Gobierno nacional muy débil.
En los últimos 22 años, cualquier intento de reformar la Constitución para aligerar esa pesada maraña institucional y hacer más eficiente el funcionamiento del Estado, algo que exige la Unión Europea (UE), ha sido torpedeado por los políticos nacionalistas de las tres principales etnias.

Moldavia: Transnistria y Gagauzia

Moldavia, el país más pobre de Europa, tiene un problema separatista en Transnistria, república que se autoproclamó independiente en 1990.
La composición étnica jugó un papel importante en el estallido del conflicto, ya que en Transnistria más de la mitad de la población es eslava (rusos y ucranianos) y el resto son moldavos, un pueblo cercano cultural y étnicamente al rumano. No en vano este territorio (Besarabia) formó parte Rumanía hasta que fue anexionada por la URSS en 1940.
En septiembre de 1990, Transnistria autoproclamó su independencia y dos años después estalló una guerra, en la que los separatistas contaron con el apoyo del ejército ruso y las milicias cosacas.
Tras la débil paz, las autoridades moldavas han ofrecido a Tiraspol, la capital de Transnistria, una amplia autonomía, pero el gobierno separatista no esconde que aspira a integrarse en la Federación Rusa.
Transnistria cuenta con el respaldo del Kremlin, pero su independencia no ha sido reconocida hasta ahora por ningún país, incluido Rusia.
Existe otra región, Gagauzia, que también se opuso en 1990 a formar parte de Moldavia, aunque Chisinau ha logrado frenar provisionalmente sus ansias separatistas.
Tanto Transnistria como Gagauzia han advertido que, en caso de que Moldavia se reunifique con Rumanía, ellos se sumarán a Rusia.

Ucrania: Crimea y Donbáss

Ucrania sigue dispuesta a recuperar la península de Crimea, anexionada por Rusia en la primavera de 2014, así como la región separatista de Donbáss, que incluye las provincias orientales de Donetsk y Lugansk. En ambas zonas persiste un enfrentamiento bélico.
Las raíces de este conflicto territorial se remontan a noviembre de 2013, cuando el Gobierno de Viktor Yanukóvich rechazó el Acuerdo de Asociación de Ucrania con la Unión Europea y, por las presiones de Moscú, optó por reforzar sus vínculos con Rusia.
Las multitudinarias manifestaciones de protesta en contra de Yanukóvich decidieron a Moscú, bajo el pretexto de una supuesta violación de los derechos de la etnica rusa en Ucrania, a desplegar sus tropas en la península ucraniana de Crimea, que fue anexionada a Rusia tras un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional.
Por su parte, las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk declararon de forma unilateral su independencia en 2014 después de realizar sendas consultas de autodeterminación, las cuales tampocos han sido reconocidas.
La región de Donbáss, a la que pertenecen, vive hoy una guerra entre milicias prorrusas y el Ejército ucraniano.

Azerbaiyán: Nagorno Karabaj

Azerbaiyán no se resigna a aceptar la pérdida del 20 por ciento de su territorio tras la guerra que libró con Armenia hace ya casi 25 años, y ha declarado en repetidas ocasiones que recuperará Nagorno Karabaj y las regiones aledañas.
En 1988, en plena descomposición soviética, la entonces región autónoma azerbaiyana de Nagorno Karabaj, de población mayoritariamente armenia, pidió su incorporación a la República Soviética de Armenia.
Las reivindicaciones transitaron hacia un conflicto territorial entre las dos repúblicas, con limpiezas étnicas incluidas, dejando más de 25.000 muertos y la victoria de Armenia frente a Azerbaiyán.
Nagorno Karabaj aprovechó para celebrar en 1991 un referéndum para declarar unilateralmente su independencia, la cual no ha sido reconocida por ningún estado.
Incluso Armenia ha rechazado varias iniciativas para reconocer el enclave al argumentar que tal decisión dañaría el proceso de negociaciones con Azerbaiyán, que arrancó en 1994 con la firma de un frágil alto el fuego.
Pese al cese de hostilidades, Armenia y Azerbaiyán se acusan constantemente de violaciones y el conflicto más duradero del espacio postsoviético mantiene en vilo la región.

Georgia: Abjasia y Osetia del Sur

Georgia ha perdido dos territorios, Osetia del Sur y Abjasia, debido a movimientos separatistas apoyados por Rusia.
El país, una de las repúblicas más ricas de la extinta Unión Soviética, echó a andar en 1991 con mal pie, ya que los osetas dejaron claro que no querían formar parte del nuevo Estado con capital en Tiflis.
Los vientos reformadores de la “perestroika” sirvieron para espolear el nacionalismo étnico y Osetia del Sur se prestó rápido a adherirse al área de influencia rusa y declarar su autonomía de Georgia desde 1989.
La paz que derivó de la primera guerra (1989-1992) entre osetios y georgianos fue frágil y en 2008 se volvió a las armas.
El despliegue dispuesto por el presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, en Osetia del Sur desembocó en una guerra con Rusia. El ejército ruso frenó el avance georgiano, lanzó operaciones de castigo contra Tiflis y a finales de mes Moscú reconoció la independencia de Osetia del Sur, un territorio con poco más de 50.000 habitantes.
El caso de Abjasia es similar al georgiano, aunque el conflicto entre Tiflis y Sujumi no estalló hasta mediados de 1992 y se prolongó hasta septiembre de 1993.
Aprovechando la guerra de Osetia del Sur, el Kremlin también reconoció en agosto de 2008 la independencia de Abjasia, donde vive más de un cuarto de millón de personas.
La pérdida georgiana de Abjasia ha sido más sustancial que la de Osetia del Sur, ya que se trata de un territorio muy fértil ribereño del mar Negro, donde Moscú ha instalado bases militares.
Georgia y los países occidentales denuncian desde 2008 la ocupación rusa de ambos territorios, pero el retorno de abjasos y surosetas al redil georgiano se antoja muy complicado.
Para evitar más fugas, Tiflis sí ha logrado poner coto a las ansias separatistas en la región de Adzharia, al otorgarle grandes prerrogativas políticas y financieras en la Constitución.EFE

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Publicado en: Periodismo de datos